A raíz de las recientes acusaciones de la Justicia británica de la implicación del presidente ruso Vladimir Putin en el asesinato del ex espía Litvinenko y las del canal BBC, de la corrupción y sus enlaces con los elementos criminales, los medios rusos se fijaron también en una ola de las muertes repentinas de las figuras importantes del país, que se produjo en los últimos meses.

Empezando por el ex ministro de prensa y medios de comunicación y ex jefe del consorcio Gazprom-Media, Mikhail Lesin, de 57 años, uno de los miembros del círculo íntimo de Putin. En 2012 Lesin dimite y se traslada con su familia a Los Ángeles dónde adquiere tres casas de valor total de $28 millones.

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En 2014 la Fiscalía General de los EEUU y el FBI le abren una investigación por blanqueo de capitales. El 6 de noviembre de 2015 Lesin aparece muerto en un hotel en Washington. La Embajada rusa se precipita en afirmar, aún antes de que se acabara la autopsia, que la causa de muerte ha sido un ataque de corazón. Ese hecho y las circunstancias oscuras de la muerte hacen sospechar de otras posibles causas como, por ejemplo, la deuda multimillonaria del difunto a un amigo de Putin o su probable colaboración con el FBI a cambio de su inmunidad.

El 4 de diciembre hallan a una persona, colgada en un lazo de tres corbatas de seda en un lujoso apartamento de Moscow-City. Un mega-millonario de 43 años. El abogado de los oligarcas de alto nivel, de las mayores corporaciones estatales, del propio Gobierno ruso en los asuntos internacionales.

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Y al final, el intermediario en el asunto del "crédito" de #Rusia a Egipto, un crédito extraño e inesperado que ha sido concedido al Cairo después de la catástrofe del avión ruso que se llevó las vidas de 224 personas y cuyas circunstancias no han sido aclaradas de todo; concedido después de cerrar la comunicación aérea con Egipto, aún dando un golpe al propio sector turístico, un crédito de $25.000 millones (unos 10% del presupuesto de la FR, una FR bajo sanciones y con la economía agonizando). Un crédito a 3% y hasta el año 2051.

El 3 de enero se anuncia que a sus 58 años, en Moscú, fallece por causa de la insuficiencia cardíaca aguda el general Sergún, Jefe de Inteligencia Militar rusa.  Sergún participó directamente en la planificación y ejecución de la anexión de la península Crimea en  2014  y luego, en las operaciones militares del Estado Mayor de Rusia en Siria. Se le atribuye también la implicación en el derribo del avión malasio MH-17.

Fue incluido en la lista de sanciones de los EE.UU, UE, Canadá y Ucrania.

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Pasados unos días desde su muerte, la agencia privada de inteligencia Stratfor informó que Sergún no murió el día 3 en Moscú sino el día 1 en el Líbano. 

Una semana antes, el 27 de diciembre, a los 52 años, falleció repentinamente otro de los organizadores y ejecutores de la anexión de Crimea, el Subcomandante de las FAT de Rusia general Shushukin quién anteriormente también estaba al mando de las operaciones militares en el Cáucaso y los Balcanes. Oficialmente, también murió por causa de la parada cardíaca. "A este ritmo no quedarán los testigos para el Tribunal de la Haya", - dicen en las RRSS.    

En ninguno de los casos hay pruebas de que las muertes no fueron naturales pero la sociedad se hace preguntas y todo el mundo mira hacía el Kremlin. A la vez, se vuelven a recordar los cientos de fallecidos en las circunstancias opacas o claramente asesinatos durante la presidencia de Putin, entre los cuales hay tanto generales como políticos, periodistas, activistas y gente de negocios. Y ante todo, a Boris Nemtsov, el mayor opositor y rival de Putin, asesinato hace un año en el pleno centro de Moscú bajo los muros del Kremlin.