¿Es posible imaginar a un escritor español conocido siendo condenado a 800 latigazos por expresar libremente su opinión? En nuestro país, tanto poetas como escritores en general ya vivieron una época de durísima represión durante la Guerra Civil y el franquismo. Hoy en día, la represión por ejercer un derecho tan esencial como es la libertad de expresión todavía se vislumbra en muchos otros países, donde todo aquello que pueda amenazar o poner en riesgo a un gobierno machista que viola los derechos humanos un día sí y el otro también se corta de raíz. Para colmo, las voces que se alzan contra estas injusticias se asesinan o maltratan sin piedad.

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Voces que, en este caso, suenan en verso.

Hablamos casualmente de otra monarquía, la que mantiene Arabia Saudí, un país que ha ejecutado a 158 personas (la mayoría mediante decapitaciones en público) durante 2015 (según Amnistía Internacional es la cifra más elevada en los últimos 20 años), mientras que nuestra Europa cada vez afianza más sus relaciones armamentísticas con esta monarquía. Dejando atrás estos datos, es importante centrarse en la historia de Ashraf Fayadh, un joven palestino de 35 años nacido en Arabia Saudí pero miembro de una familia de refugiados palestinos. En 2008, Fayadh decidió publicar su libro de poesía titulado "Instrucciones en el interior", donde además de incluir cientos de experiencias como refugiado, también grabó acontecimientos nada agradables como varios actos violentos en los que las autoridades azotaban a un hombre árabe.

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Poco a poco, Fayadh se convirtió en toda una figura importante de la escena artística de Arabia Saudí, llegando incluso a ser comisario de exposiciones internacionales de renombre.

Tiempo después, este autor fue condenado por apostasía mientras sus familiares denunciaban que se trataba de una venganza de la Policía saudí, que sin poder demostrar sus acusaciones en un primer momento comenzó a increpar al escritor por fumar y llevar el pelo corto. "La acusación contra mi se basa en interpretaciones erróneas de mi libro, donde solo hablo como refugiado sobre asuntos culturales y filosóficos. No soy ateo y me arrepiento ante Dios porque soy inocente", señaló el joven.

Fayadh fue arrestado por primera vez el 6 de agosto de 2013 por una denuncia de Shahin bin Ali Abu Mismar, un saudí que le acusó de promover el ateísmo en su libro y de blasfemar contra Dios y el Profeta. Liberado al día siguiente, solo tardó cinco meses en volver a prisión, aunque esta vez el tribunal le condenó a 800 latigazos y cuatro años de cárcel por apostasía y por utilizar su poesía para desprestigiar la religión.

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A pesar de todo, el escritor se arrepintió por lo sucedido, y aunque el Tribunal lo consideró satisfactorio, lo único que consiguió fue que en noviembre del pasado año la causa llegase a manos del Tribunal General, que le condenó a morir decapitado en un proceso en el que ni siquiera tuvo representación legal, ya que las autoridades le privaron de su identificación al ser detenido. Además, en el juicio se ignoraron diversos testigos que aseguraban que Abu Mismar mentía.

Por suerte, el Tribunal General de Abha revocó ayer mismo la condena a morir, por lo que "solo" tendrá que cumplir 8 años de cárcel y 800 latigazos repartidos en 16 sesiones. Por su parte, su abogado anunció que recurrirá el fallo, asegurando que su cliente es inocente. Este caso ha llegado incluso a varias organizaciones de todo el mundo como el Centro Palestino para los Derechos Humanos (CPDH) o a Amnístia Internacional, las cuales se han identificado con Fayadh pidiendo su liberación. Esto demuestra, por un lado, que aún podemos tener fe en personas que siguen luchando para que a todos se nos reconozca el derecho a expresarnos con total #Libertad, y por otro, que también quedan personas a las que no les importa torturar a otras para que su estructura cimentada bajo el yugo del látigo y la represión no se vea alterada por las voces que intentan salir hacia un futuro de libertad e igualdad.