La temporada pasada, por ejemplo, hubo un aumento en los casos a nivel mundial, el número más alto desde 2005. Millones de personas se vieron obligados a permanecer en cama a causa de una infección de este tipo y otras muchas se han enfrentado a una neumonía grave en cuidados intensivos. No debemos dejar de banda este tipo de infecciones sólo porque ya no aparezcan en los medios de comunicación.

Recientemente, de hecho, se habló largo y tendido sobre el riesgo de una epidemia del virus de la gripe EAH1N1, una variante del virus H1N1 que circula entre los animales desde 1979. Se ha demostrado que este virus puede ser transmitido en algunas condiciones entre los seres humanos y la información sobre este virus activan la alarma en diferentes países del mundo.

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Es bueno recordar, sin embargo, que no ha habido casos recientes y sólo hace varios años hubo una víctima en China. Por el momento, por lo tanto, no hay riesgo de esta variante del virus.

Aún así, el riesgo de que el virus A (H1N1) afecte no se debe pasar por alto porque puedan derivarse otras variantes que sí sean letales. Recordemos que el brote inicial fue un poco subestimado en términos de comunicación y prevención y en la temporada 2010/2011 provocó un gran número de hospitalizaciones que se podrían haber evitado con la información adecuada por parte de las autoridades y con una campaña de vacunación adecuada.

Es por eso que este virus sigue siendo alarmante, teniendo en cuenta que, en lo que respecta a los casos graves el año pasado, 9 de cada 10 personas no estaban vacunadas. En la temporada 2014/2015 la neumonía ha afectado en mayor medida a los jóvenes o personas de mediana edad, en su mayoría fumadores o personas con sobrepeso.

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El 80% de los virus de influenza que actualmente se encuentran aislados en el continente europeo pertenece a la cepa A y entre ellos, la mayoría, es de tipo H1N1. Esta cepa pandémica está particularmente asociada con insuficiencia respiratoria grave, y a menudo requieren hospitalización en cuidados intensivos.

Los síntomas de la gripe porcina son similares, en un principio, a la de otras infecciones de gripe. Se puede experimentar fiebre, escalofríos, congestión nasal, ardor en los ojos, dolores musculares, dolor de garganta, tos seca, cansancio y fatiga, problemas gastrointestinales y falta de apetito.

Entre las complicaciones se acostumbra a dar una sobreinfección bacteriana y, en consecuencia, neumonía, insuficiencia respiratoria, agravamiento de enfermedades crónicas de los sujetos y problemas neurológicos. Tienen un mayor riesgo las personas mayores de 65 años de edad, lactantes y niños pequeños, personas con enfermedades como diabetes, asma o enfermedades del corazó, y mujeres embarazadas. #Investigación científica #Calidad de vida