Tenemos el Museo del Holocausto en Jerusalén, que muestra sin tapujos las atrocidades de los nazis contra los judíos y otras razas que ellos, en su egolatría infinita, consideraban inferiores y que debían ser exterminadas. Todo ello debe de servir para que nunca más ocurra nada parecido en el planeta.

Pues Giorgio Frassineti, alcalde de Predappio, pueblo de 6.500 habitantes en la Emilia-Romagna italiana, tiene proyectado, si sale nuevamente reelegido, un Museo del Fascismo. Benito Mussolini nació precisamente en Predappio, y desde que en 1957, 12 años después de su fusilamiento, fue enterrado allí, y es un lugar de peregrinación de nostálgicos y partidarios de su Régimen criminal, que asoló Italia desde 1922 a 1945, al más puro estilo del mismo, con “camisas negras” saludando brazo en alto.

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Ello tiene ya cansado a Frassineti, que “si abrimos un Museo bajo la autoridad de historiadores, queremos hacer triunfar la razón sobre la nostalgia”, según sus palabras. El edil, del gobernante Partido Demócrata del Primer Ministro florentino Matteo Renzi, recibirá una subvención pública de dos millones de euros para construirlo. Se ubicará en la antigua “Casa del Fascio e dell’Ospitalità”, que fuera cuartel general fascista local.

Entre las normas que tendrá el Museo del Fascismo, “no podrá albergar ninguna conmemoración [del Fascismo] y será gestionado con el máximo rigor científico e histórico”, como bien dice Frassineti. Intentó varias veces pedir al Gobierno de turno abrir el Museo, siempre con negativas, hasta que el actual accedió.

Como con el franquismo en España, el Fascismo cuenta en Italia con muchos partidarios, aunque el país de Federico Fellini tuvo la suerte de poder derrocar y juzgar a sus tiranos.

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Incluso los italianos, en referéndum, abolieron la Monarquía, acusándola de haber apoyado a Mussolini, y pasaron a la República Parlamentaria actual.

Como decíamos antes, el alcalde de Predappio contó con oposición al Museo del Fascismo, y seguramente la más fuerte la encontró de parte del ex Primer Ministro, el inefable Silvio Berlusconi, el cual nunca ha disimulado su admiración por aquella Dictadura y cómo, sin ningún rubor, financió películas donde mostraba aquella época como mejor de lo que se nos ha dicho.

Es conocido cuando el anterior alcalde de Roma, que era ultraderechista, se negó rotundamente a que se proyectara en el Festival de Cine romano la película “W” de Oliver Stone sobre George W. Bush, acusando al cineasta americano de difamar “a un amigo personal del Primer Ministro de Italia”. Acto seguido, la película de Stone fue sustituida por una italiana, casualmente producida por Berlusconi, donde mostraba a los guerrilleros de la Resistencia italiana como unos asesinos y a los fascistas como unos corderitos.

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Si en la Italia actual se quieren hacer películas críticas de verdad con aquella época, es más fácil si se hacen en co-producción con otros países, como “Vincere”, co-producida con Francia, que contaba la historia, un secreto a voces entre los italianos, que Mussolini podría haber tenido un hijo secreto, fuera de su matrimonio, con una mujer que primero estuvo él casado con ella, haciendo después desaparecer el acta matrimonial, para casarse con su esposa oficial, y que él y sus secuaces hicieron desaparecer a la madre y al hijo internándolos en un manicomio. Una película así nunca la hubiera producido Berlusconi, cuyo imperio controla buena parte del mundo cultural italiano, distribuidoras de cine incluidas.

#Unión Europea #Historia antigua #Derechos Humanos