Detrás de todos los conflictos, las guerras y las epidemias hay millones de víctimas muriéndose de sed y de hambre cada día. Los medios de comunicación nos enseñan lo que ocurre en el mundo, pero no se detienen a explicarnos cómo y cuánto afectan estos acontecimientos en la población civil. Concretamente, si hablamos de la crisis del agua que desde hace muchos años viene azotando varias zonas del mundo, podemos señalar que unos 700 millones de personas se mueren de sed cada día. Para tener una leve idea de lo que esto supone, basta con saber que 700 millones de personas es aproximadamente la población de Europa entera, o dos veces la de Estados Unidos.

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Más que escalofriante.

El acceso a agua potable continúa siendo un drama a nivel mundial para millones de personas, y por ello son también millones de personas las que, perteneciendo o no a organizaciones sociales, luchan cada día para que aquellas personas que no tengan agua puedan disponer de, al menos, una fuente de agua potable de la que beber sin peligro de que pueda perjudicar su salud. Sin este tipo de fuentes de agua, millones de personas podrían seguir muriendo cada día.

De hecho, son más de 2.000 los niños que diariamente fallecen en el mundo a causa de los problemas de salud derivados de ingerir agua sucia en los cientos de pozos de agua estropeados que existen en zonas como Etiopía, Camboya, Kenia, República Centroafricana, etc. Y es que 1 de cada 3 personas ni siquiera tiene un saneamiento mínimo, lo que puede llevar a más muertes a causa de enfermedades e infecciones de todo tipo. Personas de todo el mundo que se enfrentan en su día a día a tener que caminar kilómetros para conseguir agua, a tener que beber agua marrón recogida de un río contaminado o a compartir abrevadero con los animales.

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Ante esta situación, dos cooperantes españoles con amplia experiencia en ONG's que trabajan en zonas como Perú, Camboya, Etiopía o Burkina Faso, decidieron en 2014 dejar de ser meros espectadores y pasar a la acción para aportar su gota de agua trabajando en lanzar AUARA, una empresa social cuyo objetivo es vender agua mineral embotellada en España y destinar todos los beneficios a crear proyectos de cooperación que permitan construir nuevas fuentes de agua en lugares donde beber agua potable no es tan cotidiano. Hablamos de pozos cuya construcción cuesta unos 20.000 euros cada uno, pero cuyo arreglo apenas supone unos 1.000.

Los dueños de esta genial e innovadora idea son Antonio Espinosa y Pablo Urbano. Ambos coinciden en que, para que estos proyectos salgan adelante, no solo necesitan que la ONG en cuestión esté establecida en el territorio (para que haya un seguimiento y mantenimiento de las infraestructuras), sino que también es importante que la población local se implique. Las botellas en cuestión han sido diseñadas desde la búsqueda de la eficiencia para contribuir con el medio ambiente.

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"Su extracción del manantial se controla de forma estricta, comprobando la reposición natural de agua para evitar el agotamiento de los recursos naturales", explican los fundadores de AUARA.

Los proyectos irán encaminados en tres direcciones: el acceso al agua potable, el saneamiento y la agricultura. Todos ellos con el agua como base, ya que sin agua no hay comida, no hay higiene y por consiguiente tampoco hay salud. La proposición que nos hacen estos visionarios es sencilla: bebiendo AUARA podemos contribuir a que otras personas puedan beber agua limpia. Además, estamos consumiendo la primera marca europea de agua mineral que fabrica sus botellas con un plástico 100% reciclado.

Ya sabemos que la #Crisis del agua es un problema mundial tan grande como un océano, nunca mejor dicho, pero mediante este tipo de ideas podemos hacer que muchas personas accedan al "privilegio" de tener agua potable cada vez que lo deseen. Después de dos años trabajando en este proyecto, las botellas de la solidaridad saldrán al mercado a partir del 22 de marzo, Día Mundial del Agua. No podía ser otro día. #Derechos Humanos