Se estima que entre 60.000 y 70.000 personas están protagonizando un éxodo masivo tratando de abandonar la provincia de Alepo, situada en la zona norte del territorio sirio, que está siendo severamente hostigada por el régimen de Bashar el Asad.

Los ataques, que cuentan con el apoyo aéreo ruso, se están llevando a cabo sin interrupción ni tregua, forzando a decenas de miles de civiles a emprender una desesperada huida en dirección a la frontera turca.

Alepo se encuentra dividida, fraccionada entre las fuerzas rebeldes, por un lado, y efectivos del régimen, por el otro, aunque todo hace prever que el frente rebelde pueda ser reducido en un espacio de tiempo relativamente corto.

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La ciudad prácticamente está sitiada, al tiempo que la aviación rusa descarga sus bombas mediante múltiples ataques, que ya se cuentan a cientos.

La intervención de la aviación está siendo decisiva en estos ataques, que en tres días de continuos bombardeos ha logrado algo que las fuerzas del régimen sirio llevaban intentando desde hacía años. En palabras del primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, “…el corredor logístico humanitario ha sido invadido por combatientes extranjeros y fuerzas del régimen con el apoyo de los aviones rusos…”

Las cifras son delirantes: más de 6 millones de personas han tenido que dejar sus hogares, casi 14 millones precisan con urgencia ayuda médica y humanitaria que, quizá, tarde todavía mucho en llegar. Algo más de 4 millones han huido en busca de refugio hacia otros países de la periferia, y se ha perdido el contacto, a lo largo de dos años, con alrededor de 10.000 niños que ya habían arribado a Europa.

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Unas cifras que, por el momento, irán en aumento, y tendrán también sus consecuencias en Europa, que se verá obligada a ofrecer ayuda humanitaria a una nueva avalancha de refugiados procedentes de la zona del conflicto, instaurar los debidos servicios de atención médica, de escolarización, e intentar, dentro de lo posible, que estos civiles vuelvan a recuperar la esperanza de vivir en paz.

Entretanto, ayer se celebraba en Londres la conferencia de donantes, una cumbre internacional en la que se lograron reunir casi nueve millones de euros que serán destinados a paliar el desastre de los refugiados sirios. David Cameron, satisfecho por los resultados, declaró: “…lo más importante en cuanto al dinero recaudado es que va a servir para salvar vidas, dar esperanza, dar a la gente la posibilidad de tener un futuro…”

Un conflicto que dura ya cinco años y que, por el momento, está lejos de resolverse felizmente. #Estado Islámico #Siria