La mañana del 7 de enero de 2015 bien podría haber sido un precedente trágico, pero fue tal el estupor de la matanza, que a nadie se le ocurrió pensar en el futuro.

La ciudad luz se volvía vulnerable, los hermanos Kouachi eran los responsables de ese descubrimiento que entristecía al mundo y vestía de luto a Europa. El semanario que satirizaba a Mahoma era atacado por los terroristas con una balacera que dejaba 12 personas muertas. En plena conmoción y en menos de 48 horas, Amedy Coulibaly mataba a un agente policial y atentaba contra un mercado judío. Allí fallecían 4 personas más.

Fueron tres días de terror y pánico, de sorpresa y conmoción.

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Luego vendrían polémicas por los funerales y alcaldes que se oponían al entierro de los yihadistas en sus localidades. Said y Chérif Kouachi fueron sepultados de forma anónima, para evitar a los fanáticos, y en distintos sitios de Francia.

Ambos eran franceses de origen argelino y llevaban varios años en la mira del gobierno como sospechosos. Said tenía 34 años y su hermano 32. El otro terrorista, Coulibaly, los conocía y se supone que los ayudó con dinero para que pudieran costear la masacre en la revista. Tenía, cuando fue abatido por la policía, 32 años y estaba casado con Hayat Boumeddiene.

El domingo siguiente a los atentados, los máximos dirigentes políticos del mundo marcharon junto a François Hollande por las calles de la capital francesa. Millones de personas en toda Francia se congregaron bajo el lema “yo soy Charlie”.

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La leyenda, rápidamente, se convirtió en la foto de perfil de las redes sociales más utilizadas, fue una plegaria por la paz y un pedido de justicia.

Cuando el semanario fue atacado, aquel 7 de enero, llevaba meses sin lograr beneficios por lo que un posible cierre se hacía inminente. Paradójicamente, y mientras se especulaba con razón sobre su futuro, la revista rápidamente se volvió furor. Líder en ventas y beneficiario de suculentas donaciones, la publicación sufre, ahora, un revés intelectual.

Patrick Pelloux era redactor en Charlie Hebdo cuando atentaron, renunció a los pocos meses alegando un cansancio visceral producto del tratamiento post traumático con psicólogos y psiquiatras. Otro integrante histórico de la revista, el dibujante Luz, también dejó su empleo motivado por una supuesta falta de inspiración luego de los trágicos hechos.

Antes de abandonar sus puestos de trabajo, Pelloux, Luz y 13 periodistas de Charlie Hebdo firmaban un petitorio solicitando que la revista se convirtiera en cooperativa.

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Algo que sus nuevos propietarios, tras el llamativo repunte de las ventas, no quieren hacer.

Antes del 7 de enero, la publicación vendía unos 30.000 ejemplares, hoy vende 100.000. Los suscriptores se han multiplicado considerablemente. Aseguran que, entre la cúpula y los empleados, prácticamente no hay diálogo alguno y que solamente se limitan a trabajar.

Este miércoles, Charlie Hebdo, publicó un número especial de un millón de ejemplares. Laurent Sourisseau, más conocido como Riss, asumió la dirección de la revista luego de los atentados. Víctima y sobreviviente, fue herido en la espalda, ha firmado el editorial de este número especial con una notable hostilidad. En el texto afirma “tener ganas de romper la cara” a quienes desearon su desaparición y llama “capullos encapuchados” a los terroristas. #Unión Europea #Terrorismo