La libertad de expresarse le fue negada por un grupo de terroristas fanáticos. El Estado Islámico asesinó a Ruqia Hassan, joven periodista siria  de 30 años radicada en Raqqa su ciudad natal, hoy nominada capital del Califato proclamado por el DAESH. Fue acusada de espionaje, apresada y ejecutada  en septiembre pasado.

Ruqia estudió Filosofía en la Universidad de Alepo. Ella junto a otros periodistas que vivieron los dramáticos días de la ciudad en manos de los yihadistas, nos hizo saber de las aberraciones  cometidas por los oscuros  invasores. Nos relató las mutilaciones, la persecución y las crucifixiones. Supimos del clima de terror y humillación sufrido por los habitantes de la ciudad siria a través de sus notas.

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La ciudad de Raqqa, tranquila comunidad de prósperos agricultores y comerciantes, fue sacudida por el terror al ser secuestrada por el Estado Islámico. Ruqia nació y desarrolló su vida en esa ciudad de Siria, salvo el periodo en el que fue estudiante en Alepo. Se expresaba a través de las redes sociales con el seudónimo de Nissan Ibrahim. Era alguien para quien la palabra libertad tenía un significado emocional muy profundo. Ante  el pedido de sus familiares y amigos de que cuidara su vida, la respuesta fue: “la vida no vale nada sin libertad y sin dignidad” Mientras los amenazados habitantes de Raqqa se ocultaban en lo más profundo de sus habitaciones para hablar en voz baja lo que no podía  llegar a oídos de la banda de ISIS, Ruqia publicaba en las redes sociales las críticas al repudiable modo de vida que el #Terrorismo imponía a sus conciudadanos

El Estado Islámico declaró la guerra al WIFI, para evitar  y limitar la posibilidad de comunicación y la libre expresión de los habitantes de Raqqa  a través de las redes sociales.

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Ruqia irónicamente invocó la felicidad que tendrían las palomas mensajeras.

En este como en cualquiera de los casos en que se prohíbe el derecho a opinar en cualquier lugar del mundo, recordamos lo dicho por Salman Rushdie sobre la escasez de la libertad de expresión, cuando hubo de enfatizar en que no puede dejarse que el fanatismo le imponga límites.