Una de las #Enfermedades más mortíferas y virulentas que han azotado este siglo ha sido sin duda, el ébola. En África, esta enfermedad se llevó la vida de más de 11.000 personas de las más de 30.000 que fueron infectadas.

En España vivimos muy de cerca esta enfermedad cuando en octubre de 2014, una auxiliar de enfermería se contagiaba con este virus mortal. La enfermera formaba parte de los profesionales que atendieron al los misioneros que tristemente fallecieron a causa del virus en el Hospital Carlos III, de Madrid. Afortunadamente, ella si consiguió superar la enfermedad.

Lo peligroso de este virus letal es que una vez infecta a un organismo, produce una proteína que impide que el sistema inmunitario reaccione contra él.

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Lentamente va destruyendo las células sin que el cuerpo pueda reaccionar. Cuando el cuerpo padece los síntomas de la enfermedad, ya es demasiado tarde.

Además su facilidad de transmisión, lo hace más voraz. Se transmite a través del contacto con un infectado vivo o muerto, por el contacto con la sangre, tejidos, secreciones o fluidos corporales.

En el mundo entero surgió la alarma y la psicosis sobre este virus que durante años había estado en letargo. Como siempre pasa en estos casos, el continente al que más castigó la enfermedad fue al africano. Y no ha sido hasta que toda la comunidad internacional ha trabajado conjuntamente con los gobiernos nacionales de África cuando se ha podido poner fin a la plaga.

El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, aseguró, que el 14 de enero de 2016, todas las cadenas conocidas de transmisión del virus en África Occidental, han sido controladas y erradicadas.

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El primer país que declaró haber terminado con el virus fue Sierra Leona, en noviembre de 2015. Le siguió Guinea, un mes después, y ahora es el turno de Liberia.

El protocolo de la OMS, exige un periodo de 90 días de alerta. Estos empiezan a contar desde la fecha en que se declara la erradicación. Durante este tiempo, cada nuevo caso debe ser detectado rápidamente para impedir su propagación. En el caso de no detectarse ningún nuevo contagio en ese periodo, se puede afirmar rotundamente, que el virus ha perdido su batalla. #Calidad de vida #Derechos Humanos