En noviembre la rotura de un dique de contención en una mina de hierro, provocó una riada de lodo tóxico y escombros minerales que arrasó el río Doce llegando hasta el mar. A su paso la riada tóxica mató a 13 personas, dejando 11 desaparecidos y unas 300.000 personas sin agua potable. Los 62 millones de metros cúbicos de vertido tóxico contienen grandes cantidades de metales pesados, como el manganeso, extremadamente cancerígeno y que según el ministerio de medio ambiente brasileño, se encuentra en la zona afectada en un 645.000 por ciento superior al permitido para consumo humano. Los daños causados han sido catastróficos, destruyendo la vida del ecosistema fluvial del rio Doce hasta su desembocadura en el mar.

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Unas 230 ciudades en la cuenca del río se han visto afectadas, algunos pueblos totalmente destruidos y por lo menos se necesitaran 30 años para recuperación de la cuenca.

Las consecuencias para la biodiversidad amazónica serán irreparables, ya que los diferentes ríos de este paraíso natural albergan especies únicas de cada afluente. Los metales pesados que se filtrarán a través de la tierra impedirán el crecimiento de plantas durante largos periodos de tiempo y aniquilarán a la vegetación cercana. Este vertido en el mar podría afectar al archipiélago de Abrolhos, a 200 km de la desembocadura del rio Doce en el que habitan diferentes especies de aves moluscos y tortugas marinas. En las aguas de la zona cada año se reúnen un millar de ballenas jorobadas para su reproducción.

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También habrá que añadir que las tortugas marinas que usaban esos estuarios de la desembocadura tendrán que buscarse otra zona aun sin contaminar para desovar.

La empresa responsable del desastre es Samarco, perteneciente a la gigante minera Vale y a la compañía anglo-australiana BHP Billiton. A Samarco se le han impuesto multas de por valor de casi 100 millones de dólares y se han bloqueado otros 80 millones de sus cuentas; aunque las penas no guarden proporción con la magnitud del desastre causado. Paradójicamente cinco ecologistas han sido apresados y acusados de crímenes medioambientales cuando protestaban lanzando barro ante el congreso brasileño. "Todo murió, ahora el río es un canal estéril lleno de barro": afirmaba Dilma Rousseff tras reunirse para evaluar la tragedia y presentar un plan de recuperación que costaría unos 27 millones de dólares. #Calentamiento global #Ecología #Accidentes