Leila Alaoui (París, 1982) estaba considerada como una de las fotógrafas más importantes de su generación, con una carrera en ascenso que incluía ya colaboraciones habituales con VOGUE y The New York Times, exposiciones en la Maison Eupéene de la Photographie, el Instituto del Mundo Árabe y la venta de sus fotografías en Art Dubai. El statement de su fotografía era la de explorar las construcciones de la identidad y la diversidad cultural, obtenidas desde un prisma de las historias de la inmigración que intersectan en el Mediterráneo contemporáneo.

El trabajo de Alaoui expresaban realidades sociales usando un lenguaje visual que combinaba la narrativa del registro documental y las sensibilidades estéticas de las bellas artes.

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Un trabajo extraordinario de esta hija de padre marroquí y madre francesa, que había recibido el encargo por parte de Amnistía Internacional para un reportaje fotográfico sobre los derechos de las mujeres en Burkina Faso.

Leila llegó con su estudio móvil a Uagadugú y se hospedó en el hotel Splendid. Burkina Faso aparentemente no representaba ningún peligro como destino. El Splendid era además famoso por ser punto de encuentro tanto de los extranjeros en Burkina Faso como el personal de Naciones Unidas. Junto a su chofer, Mahamadi Ouédraog, estaban a punto de cenar en el café Cappucino, a un paso del hotel cuando empezó un verdadero infierno.

Al Qaeda reventó los muros del Splendid con un coche bomba y posteriormente dio inicio a un tiroteo donde secuestraron a un centenar de personas y acabó con veintinueve muertos, entre ellos Mahamadi Ouédraog, chofer de la fotógrafa, que junto a ella fue alcanzada por las balas en plena calle justo antes que los terroristas entraran al hotel.

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Alaoui recibió cinco impactos de bala en el abdomen, el pulmón, el brazo, la pierna y el riñón. Fue trasladada y operada en la Clínica Notre Dame durante seis horas. Tras una lucha de dos días tratando de superar sus graves heridas, en donde llegó a hablar por teléfono con sus familiares, no superó el posterior ataque al corazón, elevando a treinta el número de víctimas a manos de Al Qaeda.

Su deceso no sólo ha dejado impactado al mundo de la prensa y el arte internacional, sino también a Francia y Marruecos, en donde la figura de Alaoui representaba a la nueva mujer árabe libre y sin ataduras. El Gobierno de Marruecos se ha hecho cargo de la repatriación de los restos de la artista y a su funeral han llegado más de un millar de personas, sobre todo mujeres... con el pelo al viento. A pesar de que Alaoui conocía "las reglas del juego", su deceso no deja de representar una de las más grandes pérdidas para la fotografía, el arte y el mundo del fotoreportaje periodístico.

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EL EGO TRAICIONÓ AL CHAPO GUZMÁN #Terrorismo #Estado Islámico