Al igual que el cocodrilo de un jersey, la manzana en el reverso de un teléfono o la silueta de un puma en un pantalón de deporte hacen que estos aumenten de valor, parece ser que ocurre lo mismo con una bandera europea en el pasaporte de una persona.

 Resulta cuanto menos alarmante encender la televisión y ver que las únicas noticias internacionales de las últimas semanas son el ataque a París y el estado de alarma en Bélgica. Sobre todo, cuando poca gente se ha enterado que desde aquel fatídico día en Francia ha habido otro atentado en Chad con 30 muertos o uno en Túnez con 12 víctimas. Eso sin tener en cuenta todos los ataques del ISIS en África que han acabado con la vida de cientos de personas en el último año sin que los Medios de Comunicación les dedicaran más de unos minutos en el telediario.

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Un informe del Consorcio Nacional para el Estudio y Respuestas del #Terrorismo (START) de la Universidad de Maryland, indica que el número de ataques terroristas con más de 100 civiles muertos era de unos 4,2 al año entre 1978 y 2013. Por desgracia, en el año 2014 esta cifra creció un 500% hasta alcanzar los 26. Lo peor es que sólo en la primera mitad del 2015 ya se ha superado este número. Si esto es así… ¿Por qué si nos paramos a pensar sólo somos capaces de recordar tres o cuatro de ellos, curiosamente la mayoría ocurridos en países de Europa? ¿Será porque lamentablemente somos el principal objetivo del ISIS? Me temo que no, ya que la mayor parte de los ataques tuvieron lugar en África y Oriente Medio.

Por ello, la única explicación posible a este pasotismo general hacia nuestros vecinos del Sur es la diferencia de valor para los medios de comunicación entre una vida y otra.

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 Sin duda, hay vidas que atraen más audiencia que otras. En el último año, se han producido una serie de mascares tan sangrientas como las de París, en las que mueren muchos niños y civiles inocentes. Estos son algunos de los ataques con más muertes del 2015… entre los que no encontramos ninguno en Europa:

  • Ataque en Baga, Nigeria

Por increíble que parezca, aún no se sabe el número de víctimas que se cobró este ataque que tuvo lugar en enero. Las autoridades locales hablan de 100, mientras que los testigos hablan de 2.000. El propio Gobierno Nigeriano encubre la realidad ante la proximidad de unas elecciones que podrían verse afectadas por la sensación de inseguridad que estos ataques provocan.

  • Derribo en Egipto de un avión ruso

Todos recordamos la desaparición de un avión ruso en tierras egipcias. Sin embargo, nadie nos contó que en él viajaban nada menos que 25 niños, ni nos dieron emotivos detalles acerca de las 224 vidas frustradas de los pasajeros muertos. De hecho, en un principio ni siquiera el propio Gobierno central quiso admitir que se tratara de un ataque terrorista aunque estos hubieran ya declarado su autoría.

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  • Ataque contra la universidad de Garissa, Kenya

En este ataque murieron 147 estudiantes del campus de todas las creencias y religiones. Los terroristas entraron haciéndose pasar por fieles  y dispararon indiscriminadamente a alumnos y profesores. En ocasiones, les obligaron a recitar el Corán para seleccionar a los no musulmanes. Kenia es un país en su mayoría cristiano. El Gobierno central ejerce presión sobre la comunidad musulmana torturándoles indiscriminadamente. Esta clase de actuaciones hace que  muchos musulmanes se alisten al grupo terrorista Al Shabab.

Entonces… ¿es cierto que valen más unas vidas que otras? Quizás el principal problema es que valen más aquellas que generan audiencia. ¿Y por qué son las vidas de europeos las que la generan? Porque vivimos en una sociedad en la que los espectadores solo admiten les cuenten las cosas que quieren  escuchar. Queremos escuchar que los países del Sur son los malos y nosotros los héroes. Quizás los países occidentales queremos sentirnos en las principales víctimas y vemos a los inocentes muertos más allá de Melilla como simples “consecuencias colaterales a nuestra lucha contra el terrorismo”. #Boko Haram #Estado Islámico