Una vez más, las estrictas medidas de Kim Jong Un, jefe de estado de Corea del Norte, desafían a la comunidad internacional. El tribunal Constitucional ha condenado a cadena perpetua con trabajos forzados a un misionero canadiense de origen surcoreano, acusado de conspirar contra el régimen del líder. Tras la reciente amenaza nuclear y de misiles que protagonizó Pyongyang en su intento por aumentar la tensión, este nuevo acontecimiento no ha pasado desapercibido. El #Gobierno canadiense ha asegurado que se trata de una pena “excesivamente severa” debido al estado de salud del acusado, Lim Hyeon Su.

El régimen, que muestra recelo por la labor que desempeñan los religiosos extranjeros, había detenido a Lim Hyeon en enero tras su entrada al país con el objetivo, según su iglesia en Toronto, la presbiteriana de la Luz de Mississauga, de realizar misiones humanitarias, como ayudar en hospitales y orfanatos.

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Tras el largo juicio, se dictaminó que el acusado formaba parte de un complot liderado por Estados Unidos y Corea del Sur, según la agencia norcoreana KCNA. Asimismo fue acusado de “actividades subversivas con el fin de dañar la dignidad de la dirección suprema y el sistema social” y de llevar a cabo “actividades religiosas contra el país”. Según la condena su objetivo era instaurar un “Estado religioso”. La Fiscalía, que consideraba necesario el castigo más severo, reclamaba pena de muerte para Lim Hyeon.

En los últimos años, los misioneros cristianos han protagonizado diversos casos judiciales en Corea del Norte. El australiano John Short fue detenido en 2014 acusado de contribuir a "distribuir material religioso" y liberado un mes después "por motivos humanitarios". También los estadounidenses Kenneth Bae y Matthew Miller fueron liberados tras permanecer durante años en prisión, su libertad solo fue posible gracias a una intensa actividad diplomática.

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La KCNA, divulgó un vídeo en el que aparecía Lim Hyeon participando en un oficio religioso y luego admitiendo que “había cometido un grave crimen al haber insultado y difamado la dignidad y la dirección de la República”. La divulgación pública de las confesiones de los detenidos es una práctica habitual en Corea del Norte para forzar un pacto con el país del detenido y así dejarlo en libertad, aunque en este caso el acusado ha sido condenado a trabajos forzados de por vida por conspirar contra el régimen y la situación política actual, con toda seguridad, no le será favorable. #Unión Europea #Derechos Humanos