Después de los atentados terroristas en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo, París se vuelve a bañar en sangre por el ataque múltiple de grupos terroristas. Todo parece indicar según las fuentes que barajan los cuerpos de seguridad franceses, que son atentados de extremistas islámicos. El 7 de enero de 2015  murieron doce personas, pero no solamente ocurrió un atentado contra Francia y sus ciudadanos, esencialmente fue un atentado contra la libertad de expresión y contra una forma de pensamiento.

Fue un símbolo, el ataque de un grupo extremista, ligado a una forma de pensamiento cerrado, una lectura extrema del Corán contra la libertad de pensamiento en un estado de derecho en occidente, pero sobre todo un acto de odio. Más allá de esta lectura directa del atentado de Charlie Hebdo, también fue un ataque directo en un país donde existe la comunidad árabe más importante de Europa occidental. El ataque tenía, sin lugar a dudas, una variante estratégica política y de polarización de la sociedad, construyendo posos de opinión pública que pudiera generar una radicalización (en Francia, una capa importante de la población ha optado por voto de extrema derecha.

La crisis económica ha atacado directamente a las clases más desfavorecidas y menos integradas. Este hecho, uno de los verdaderos talones de Aquiles de la sociedad europea, y el surgimiento de un foco de inestabilidad constante en oriente medio, ha llevado hacia un callejón doctrinario a una gran cantidad de jóvenes árabes (educados en Europa) que ven en la lucha un ideario de identidad, y también una respuesta extremista de talante contrario en capas sociales autóctonas. Pero sobre todo, y recalco, la falta de salidas laborales y sociales (no ver futuro) de una gran masa de población que no ha sido integrada en la sociedad, es el mejor caldo de cultivo para este tipo de fenómenos extremistas. 

El resentimiento de estos grupos, parece alentar un tipo de pensamiento como: si nosotros no podemos disfrutar de las promesas que nos ofrecisteis, vosotros tampoco. Pero más allá de esta primera reflexión sobre las motivaciones de esos asesinos (y desgraciadamente jóvenes, la pregunta que surge es, cómo puede llegar a calar esta oscura mentalidad) que se cargan de cinturones de explosivos y disparan un Kalasnikov. 

Las variantes y razones del porqué de estos deleznables atentados que hemos sufrido hoy, plantean, o deberían plantar a los responsables de los gobiernos occidentales qué hemos hecho, o qué hemos dejado hacer para que el odio se haya extendido de esta manera. Sí, hablo de Irak, Siria, Libia, Yemén… demasiadas causas para avivar el avispero, pero por otro y mucho más cercano, qué sociedad estamos engendrando donde miles de personas se ven excluidas y sus vidas no tienen sentido ni objetivo vital. Ese es el caldo de cultivo de la barbarie.

Ahora debemos buscar soluciones para desenmascarar una actitud política tenebrosa que parece buscar, o empujar a las sociedades a un choque  de trenes. Una postura de blanco o negro más cercana al pensamiento doctrinario y totalitarista (fascista) de épocas pasadas.  Lo que tenemos en juego, bajo mi opinión, es poder salvar nuestro estado de libertades y conquistas sociales en Europa (porque es el viejo continente en última instancia el espacio a inestabilizar) amedrentado por movimientos que quieren radicalizar las posturas,  llevando a la confrontación abierta con el otro. Ahí está el principal peligro, esto no se soluciona con el espíritu de los ángeles, pero si con mucha inteligencia y sensatez –la que no hemos visto en la política de los “grandes estadistas” hasta ahora.

La intervención en Siria e Irak para acabar con el ISIS es crucial, pero esta vez se debería tomar como antítesis la desastrosa intervención en Irak, y la línea de intervenciones occidentales en oriente próximo con larga tradición de errores en cadena, culpable de esta situación… y sobre todo cortar las fuentes de financiación al DAESH que son conocidas, comencemos por aquí y quizás las intervenciones no se parecerán a la impronta de un elefante en una cacharrería.

El mundo musulmán debe dar un paso hacia delante, denunciando sin tibieza y actuando frente al #Terrorismo yihadista de talante doctrinario extremo, que no parece que responda a la lectura ni siquiera de los textos religiosos (el mundo árabe tendrá que poner de su parte, un ejemplo es lo que está ocurriendo en Túnez, dividir  lo religioso de lo civil pero eso no se conseguirá sin estabilidad y equidad), esas lecturas son más bien, la excusa de una historia ya conocida, la de generar conflictos con fines económicos, y derrocar sistemas para colocar otros, con un arma muy antigua, el terror en boca de Dios desde los tiempos medievales.