La propaganda del Daesh tiene sus comienzos tras la autoproclamación del califato del mal llamado “Estado Islámico” en junio del 2014. Desde entonces, las herramientas que más ha usado para la difusión de sus actos han sido vídeos e imágenes de gran dureza y carga visual y auditiva, informes y artículos traducidos a diversas lenguas, además de su revista oficial Dabiq –redactada al inglés- que no es, sin embargo, la única con la que cuentan.

Sus principales canales de distribución se encuentran, fundamentalmente, en el manejo de las redes sociales en sus cuentas de Facebook, Twitter, Instagram, YouTube, Ask.fm e incluso Whatsapp.

Anuncios
Anuncios

Un canal incontrolable y difícil de manejar pues, cuando se consigue cerrar una cuenta, instantáneamente se abren otras tantas.

En todo uso de propaganda, existe una determinada terminología. Así, el Daesh habla de ejecuciones en vez de crímenes o asesinatos, de prisioneros en vez de secuestrados, o de gudaris en vez de terroristas. Todo ello, envuelto en un halo de lo que ellos denominan “pureza islámica”, o lo que entienden por cómo debe ser realmente un buen musulmán.

Es esencial en todo este proceso la utilización del marketing de las emociones, una estrategia comunicativa basada, desde sus orígenes y uso histórico, en el mensaje persuasivo que detona los sentimientos del receptor, tanto para producir en unos un rechazo absoluto como su completa aceptación en los otros. Así, se encontrarían enfrentados los sentimientos de ira y miedo en las víctimas frente a los de idealización y heroicidad de sus adeptos.

Anuncios

Moisés Garduño, en la Revista de Relaciones Internacionales de UNAM, recupera el término “necropolítica”, acuñado por el filósofo camerunés Mbembe, y la define como “el uso de la muerte o amenaza de muerte, gráfica y explícita, para mantener o aumentar un poder multidimensional y repartido entre actores institucionalizados y aquellos que no lo son”.

Pero, ¿qué papel juegan en todo esto los medios de comunicación? El pasado 16 de noviembre, durante el Seminario “El Estado de Derecho frente al #Terrorismo. El papel de la Guardia Civil”, que tuvo lugar en la sede de la misma en Madrid, un grupo de periodistas expertos en el campo, como Fernando Lázaro (El Mundo), Javier Pagola (ABC) y Alejandro Requeijo (Europa Press), coincidían en que muchas veces el derecho a informar se transforma en un instrumento de propaganda del terrorismo.

El Daesh busca como objetivo la máxima visualización de sus actos para instalar el terror y someter a la sociedad global y, por eso mismo, sabe que cuanto más escandalosas sean sus acciones, más publicitadas van a estar en Occidente.

Anuncios

¿Hasta qué punto contribuye a esto la prensa? Tanto Lázaro como Pagola y Requeijo aseguraban de la necesidad de crear un manual de estilo, con un capítulo especial dedicado al terrorismo, por parte de todos los medios que cubren este tipo de noticias. Y el primer punto recogido sería, precisamente, la concienciación del periodista de no dejarse llevar por el sensacionalismo o el amarillismo de los acontecimientos, aunque esto llevara a un incremento en cifras de la audiencia. #Crisis #Estado Islámico