A tenor de los terribles sucesos que vienen produciéndose en las últimas semanas por todo el mundo, desde el atentado aéreo contra un avión ruso al tiroteo con víctimas en un hotel de Bamako, Mali, pasando por la masacre de Paris mucha gente se ha preguntado cómo era posible que una organización como el #Estado Islámico era capaz de captar tantos seguidores en los países occidentales, principalmente entre los jóvenes de los barrios “bajos” como el de Moleenbek en Bruselas.

En estos días hemos encontrado en los medios de comunicación diferentes respuestas a esta pregunta. Una de ellas es la salida económica que muchos jóvenes sin recursos encuentran en los abultados honorarios que el Estado islámico proporciona a sus mercenarios.

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Otra explicación se encuentra en que muchos de los hijos de emigrantes de países islámicos no acaban de encontrar su lugar en los estados europeos y acaban radicalizándose y “volviendo a sus raíces”, persiguiendo el ideal de una sociedad islamista que para ellos representa el Bien y el Orden frente a la decadencia de la sociedad occidental.

Herramientas comunicativas al servicio del Terror

 Pero existen otras explicaciones aparte de las expuestas, que no tienen que ver con razones sociales o culturales, sino que responden a la inteligente y diabólica maquinaria propagandística que el Estado Islámico ha conseguido construir para servir a sus fines de captación  de “mártires de la Yihad” y terror mundial.

Una de esas herramientas de “reclutamiento” masivo son sin duda las #Redes Sociales. Hace tiempo que sabemos que tanto Facebook como Twitter son utilizadas de forma masiva por los reclutadores para captar adeptos a su causa, pero también las utilizan para difundir sus mensajes y vídeos aleccionadores que muestran toda la crueldad y salvajismo que la organización terrorista es capaz de realizar.

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Todavía más allá de mostrar esas imágenes, la maquinaria propagandística de Estado Islámico presenta la “cara amable” de sus actos a sus posibles acólitos, es decir, quieren  enseñar que no son unos asesinos inmisericordes sino personas “normales” que son capaces de comerse una pizza o hacer vida social antes o después de cometer sus barbaridades.

Una hidra propagandística difícil de descabezar

 Aún existe otra clave, y es sin duda la que convierte a la maquinaria propagandística del Estado Islámico tan difícil de localizar y neutralizar, y es que está deslocalizada y funciona como múltiples células informativas que al tener numerosas fuentes de propagación en las redes sociales son casi imposibles de desmontar.

Sin duda alguna el aparato mediático más poderoso con el que cuenta esta organización terrorista es Dabiq, revista de consumo interno en la que se analizan y comunican sus atentados a lo largo del mundo y dónde los líderes de la organización muestran sus opiniones y sus razones por las cuales entraron a formar parte del Estado Islámico.