66 largos años han tardado China y Taiwán en reunirse tras la guerra civil de 1949, cuando las fuerzas comunistas de Mao Tse-Tung expulsaron a los nacionalistas del #Gobierno nacionalista chino del Kuomintang (KMT), los cuales se vieron obligados a refugiarse en la isla de Taiwán. Lo hicieron el pasado sábado en Singapur, en una cumbre histórica que atrajo a centenares de medios de comunicación de todo el mundo. Xi Jinping y Ma Ying-jeou, presidentes de China y Taiwán respectivamente, se estrecharon la mano ante las cámaras durante un minuto y posteriormente se retiraron al hotel Shangri-La para discutir a puerta cerrada, tratándose de “señor” y no de “presidente”, ya que hacerlo sería negar su voluntad de conseguir una China unificada, la cual ambos persiguen y quieren presidir.

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Fuentes cercanas a Ma Ying-jeou declararon que el objetivo de dicha cumbre era “garantizar la paz a ambos lados del estrecho“. Por su parte, Xi Jinping subrayó que se trata de un paso histórico, que aunque estén rotos sus huesos “siguen unidos por los tendones”, que son familia y su sangre “es más espesa que el agua”, y declara que aunque el estrecho de Formosa les separe “no puede evitar que parientes y amigos se echen de menos”. Además, secundó la propuesta de crear un teléfono rojo del líder taiwanés. Las relaciones entre los dos países rivales han mejorado progresivamente desde que Ma llegó al poder hace siete años, y la celebración de la inesperada cumbre, de la que se ha filtrado muy poca información, ha suscitado emoción y esperanza de cara al futuro. No ha sido así para algunos: antes de la celebración cientos de manifestantes se reunieron en Taipéi para protestar e intentaron entrar en el Parlamento taiwanés, acción que impidió la policía aunque no se declararon detenciones.

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Otros prefirieron manifestarse en el aeropuerto de Songshan y tildaron a Ma de "traidor" y a Xi de "dictador".

Ante la noticia, en declaraciones a la agencia CNA, la líder de la oposición de Taiwán, Tsai Ing-wen, favorita en los próximos comicios de enero a la presidencia con el Partido Democrático Progresista (PDP), ha criticado el encuentro calificándolo de "nocivo" para la democracia de la isla y ha exigido que se respete tanto el derecho a decidir de los 23 millones de ciudadanos que la conforman como su régimen democrático.

Han sido 66 años de tensiones y diferencias, en los que Taiwán no ha desistido en su objetivo de recuperar la China continental a pesar de que la República Popular China (RPC) siga considerándola una provincia renegada. Sin embargo, Taiwán cuenta con un PIB per cápita tres veces mayor que el gigante asiático, y su capital, Taipéi, se ha convertido en un destino turístico para los habitantes chinos desde 2008, cuando se facilitó el control de entrada. El año pasado se registraron casi 4 millones de turistas que accedieron a la isla desde China.

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Además, en junio el presidente del Poder Consultivo, Yu Zhengsheng, anunció que China permitirá acceder a los taiwaneses al continente sin necesidad del visado que necesitaban hasta ahora. Su pasaporte es diferente, cambia incluso el color, rojo para los ciudadanos de la República Popular de China y verde para la República de China; en este último, además, también se puede leer ''Taiwán'' para evitar confusiones de dos territorios que incluso utilizan un sistema de escritura diferente: al igual que Hong Kong, Taiwán sigue utilizando el chino tradicional, mientras que la RPC emplea el chino simplificado, como también lo hace Singapur. En el deporte internacional también se presentan por separado, y en el caso de Taiwán compite bajo el nombre de ''China Taipéi''.