La capital italiana continúa sumida en el caos en el que vive desde hace ya aproximadamente un año y lo hace en el peor momento posible. Afronta un nuevo desafío, como es la organización de un Año Santo Extraordinario, convocado por el papa Francisco y dedicado a la Misericordia. 

Serán once meses de misas y eventos continuos (jornadas de la juventud, de los ancianos, de los presos, de los enfermos...) que traerán al Vaticano unos 40 millones de peregrinos, según las estimaciones del propio Vaticano. 

Aunque es un evento convocado por el Vaticano, la ciudad de Roma es la que acoge a los peregrinos y la que tiene que estar preparada para no colapsarse.

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Y hay dudas al respecto. Para empezar, porque ni siquiera hay un alcalde. El antiguo alcalde, Ignazio Marino, presentó su dimisión. Pero está todavía dentro de los 20 días de plazo que tiene para decidir si la hace efectiva o no. Todo apunta a que el primer ministro, Matteo Renzi, del mismo partido (PD) que Marino, quería elegir al sucesor sin hacer elecciones. 

Además, los transportes funcionan cada día peor, las dos únicas líneas de Metro han adelantado su hora de cierre a las 22:30h y los operarios del servicio de basuras amenazas con convocar una huelga. 

El Año Santo del papa

La caída de Roma culmina con la dimisión de su alcalde #Religión