Los homosexuales y los divorciados vueltos a casar -que están fuera de la comunión para la Iglesia- eran dos de los asuntos más complicados a tratar en este Sínodo de la Familia. El documento final del Vaticano no ha satisfecho al 100 % a un papa que declaró haberse tenido que enfrentar a los "métodos no benévolos" de los 270 obispos y cardenales. 

Pero aunque no haya satisfecho totalmente la apertura que Jorge Bergoglio ha pedido en otras ocasiones, por lo menos sí ha entendido que hay formas de familia que la Iglesia tiene que afrontar. 

El texto sí refleja una Iglesia más tolerante que tiene que acoger a todas las personas y "valorar las señales de amor" que existen en las realidades familiares diversas y en los matrimonios civiles.

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Todas ellas deberán "ser afrontadas de manera positiva" aunque siempre con la intención de acercarlas al matrimonio religioso. Acordaron también que la Iglesia deberá acompañar a todos y hacerlo con "una mirada respetuosa y llena de compasión".

El único punto que se refiere a los homosexuales afirma que "cada persona, independientemente de su propia tendencia sexual, tiene que ser respetada en su dignidad, y acogida con respeto, con el cuidado de evitar cualquier marca de injusta discriminación". 

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