Los fotógrafos Loral Amir y Gigi Ben Artzi, son los realizadores de Downtown Divas, un cortometraje documental que en solo 7 minutos retrata la crudeza de la prostitución con el brillo y el lujo de la alta costura.

Mujeres jóvenes de todas las edades que ejercen el comercio sexual posan con trajes de Louis Vuitton, Miu Miu y Alexander Wang mientras dejan ver marcas de jeringuillas y moratones. Los directores han intentado quitarlas, por unos instantes, de la droga, la prostitución y la marginalidad. “Hemos querido integrar a estas mujeres a la sociedad y hacer caso omiso de la etiqueta de ‘drogadictas’ que les aplican”, aseguran Amir y Artzi ante la ola de críticas que suscitó la provocadora cinta.

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Según un estudio presentado por la Organización de la Naciones Unidas (ONU) sobre drogadicción, más del 50 % de las mujeres que consumen #Drogas en Rusia ha intercambiado relaciones sexuales por estupefacientes. En el país de Putin la prostitución es ilegal, se cree que alrededor de 2 millones de mujeres se ven obligadas a ejercerla, más alarmante aún es el dato que asegura que 3 de cada 10 son menores de edad. Solo en la capital hay más de 100 mil prostíbulos.

#Rusia es una de los tres países del mundo con mayor cantidad de millonarios, la propuesta de Loral Amir y Gigi Ben Artzi, busca profundizar en las diferencias económicas que conviven bajo los mismos parámetros de una sociedad desigual. Los creadores de Downtown Divas han preferido dejar en el anonimato a la ciudad donde se ha filmado y a las protagonistas.

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La paradoja no acaba con el pseudo brillo de los trajes de alta costura y la oscuridad de una profesión negra, contratar los servicios de una meretriz, en Rusia, puede llegar a costar unos 5 €, un gramo de heroína ronda los 100 € y un bolso de Louis Vuitton ronda los 5.000 €.

La provocación ha sido y es tan redituable como la prostitución, algo que la moda, con todas sus empresas satélites, han sabido apreciar. Downtown Divas aprovecha el camino que dejaron los publicitas de los 90 para indagar en estas mujeres dedicadas a la prostitución, sobre sus sueños, sus amigos y sus gustos. “La heroína chic es un espejismo de los editoriales de moda…el contraste es absolutamente asombroso.” Afirman sobre su reciente trabajo Amir y Artzi, mientras que aseguran que nunca tuvieron la intensión de promocionar el consumo de drogas y actividades sexuales, sino que solo han querido reflejar una realidad de la Rusia actual.

En la década del 90 Kate Moss irrumpía en pasarelas y portadas de revistas con una delgadez extrema, la mirada perdida y una actitud andrógina y provocadora.

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Su estilo, copiado por la mayoría de las modelos de la época, se llamó Heroin Chic y ha sido, probablemente, el que más réditos económicos haya aportado a la industria de la moda.

La muerte de Davide Sorrenti, el fotógrafo icono del estilo Heroin Chic, abrió la puerta a movimientos que bregaban por una mujer saludable, menos nihilista y sobretodo que dejara entrever una vida sana y sin transgresiones.