‘‘Alimentar el planeta. Energía para la vida’’ ha sido el lema de una exposición que abrió sus puertas el pasado uno de mayo y que después de seis meses nos dice adiós. Durante todo este tiempo más de 21 millones de visitantes se han acercado a Milán, su ciudad anfitriona, alcanzando una media diaria de 116000 accesos al recinto.

Han sido más de 140 los países que se han sumado a la iniciativa y que han conquistado una pequeña parte de la localidad transalpina con su pabellón. Algunos estados, sin embargo, por motivos principalmente económicos han preferido presentarse en grupo: han formado lo que se ha dado a conocer como "cluster", es decir, una agrupación, las cuales han abarcado múltiples temáticas: café, chocolate y arroz son solo algunos de los apetitosos ingredientes que hemos podido encontrar en ellas, además de sus pintorescos mercadillos étnicos.

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También han estado presentes organismos como las Naciones Unidas y la Unión Europea, así como toda una serie de marcas comerciales como Coca-Cola, que ya ha anunciado que donará su pabellón a la ciudad de Milán para que se convierta en un campo de baloncesto al finalizar el evento.

Con la alimentación como tema central, hemos podido asistir a más de mil espectáculos de todas las nacionalidades participantes junto con un abanico infinito de posibilidades culinarias para todos los gustos: desde hamburguesas de cocodrilo de Zimbabue, bocadillos de langosta de Estados Unidos, la parrilla gourmet de Uruguay, helados de baobab de Angola hasta llegar a la leche de yegua –conocida como ‘‘kumis’’– de Kazajistán, entre otros.

Pese a las críticas iniciales por lo interminables que parecían sus obras, las batallas campales llevadas a cabo por manifestantes antisistema y los destrozos e incendios que provocaron en toda la ciudad, han bastado pocos meses para que la mayor parte de los habitantes y turistas se sientan atraídos por la Expo de Milán.

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Así, pabellones como Japón han llegado a alcanzar colas de hasta diez horas cada día, y muchos otros se han visto con filas de hasta tres y cinco, como es el caso de Kazajistán y Emiratos Árabes, dos de los grandes favoritos de los visitantes, probablemente por sus espectaculares efectos especiales y su creatividad y porque además en ellos también se nos presentan las próximas exposiciones de este calibre, que tendrán lugar en 2017 en Astana (Kazajistán) y en 2020 en Dubai (EAU).

Sin embargo, coincidiendo con el final del periodo estival, sobre todo en su último mes de celebración, todos los recintos se han visto abrumados con una media de una y dos horas de fila cada día, algo que sin duda ha dificultado el acceso a todos los turistas y curiosos. Aun así, deben haber sido pocos aquellos que no se habrán hecho con el pasaporte oficial del evento y que a pesar de las largas esperas no habrán desistido en el objetivo de llenar sus páginas con los sellos de cada país participante: ha sido sin duda el souvenir más buscado, junto con los pines de cada país y curiosamente el ‘‘Nón Lá’’, el sombrero cónico de Vietnam.

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Expo ha sido una enorme ventana al mundo que ha permitido a sus visitantes acercarse a las culturas de todos los continentes y aprender algo nuevo de ellas mientras degustaban sus manjares y caminaban por sus 110 hectáreas. Esta noche se iluminará por última vez el árbol la vida, símbolo indiscutible de una exposición que a pesar del polvorín de críticas que otrora levantó su tardía construcción ha conseguido conquistar el corazón de sus visitantes. #Alimentos