Los primeros fríos comienzan a hacerse sentir en el norte de Italia.  

En Milán, la gente se mueve agitada, parece que siempre fuera a llegar tarde, cuando una de las características más significativa de los milaneses es que siempre llegan cinco minutos antes a cualquier cita. 

La capital lombarda tiene una extraordinaria mezcla de historia y modernidad, de glamour y extravagancia, de longevidad y juventud, una mescolanza de europeos, americanos, africanos y asiáticos, todos conviviendo en una multiplicidad de ideas, culturas, costumbres, luces y sombras han conseguido que esta ciudad cosmopolita sea un auténtico hogar pleno de posibilidades para miles de extranjeros. 

Marcela es argentina, vivió en Vicente López, Buenos Aires, hasta que algunos acontecimientos tristes y ajenos la trajeron en un vuelo directo a Milán.

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Estudiaba en la universidad, tenia planes a corto y largo plazo, pero el destino y su tenacidad quisieron que continuara con esos sueños en el viejo continente. Primero fue un viaje de prueba para ver como era la vida en Italia, había algunos parientes de la abuela y bueno, se decidió, subió al avión a finales de los ochenta, cuando Argentina todavía tenía fresca la herida causada por la dictadura militar que tanto marcó a la ciudadanía, mientras crecía la democracia que debía hacer frente a nuevas reglas de mercado en un mundo que no espera y que, en ese país particularmente, provocaron desastres inflacionarios que llevó a muchos a buscar destino fuera de la querida patria. 

Lo que comenzó como un sueño personal, terminó siendo un cambio de vida para toda la familia, los padres y hermanos también se trasladaron a Europa. 

Cumplió tareas como responsable de logística de una importante editorial y según me cuenta su función en la firma y en relación de dependencia fue llevada a cabo durante un largo período, hasta que la crisis le pegó a ella también y en 2010 quedó sin trabajo.  

Al principio fue un golpe duro, es cierto, pero después, poco a poco salió a la luz ese viejo proyecto que por miedo o por comodidad estaba escondido en algún rincón del inconsciente. Sacó coraje de la desesperación y puso un negocio de venta de productos argentinos por #Internet, el negocio creció y al cabo de un tiempo empezó a buscar un lugar físico para poder desarrollar la actividad.

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En ese momento se dio cuenta que sola no podía con todo y como buena sobreviviente, decidió buscar ayuda, lo que la llevó a asociarse con Maira, otra luchadora argentina, mamá de dos nenas. Juntas lograron remar a la par, con sacrificio y muchas ganas de salir adelante, siempre con la idea de crear un futuro próspero para las dos familias, sabiendo que hay una oportunidad para todos. Es así que llevan adelante ya dos negocios de ventas de productos Made in Argentina. 

Pero, algo faltaba dice. Es que desde hace tiempo, tiene un sueño que le da vueltas en la cabeza y es que los argentinos en el norte de la península itálica puedan sentirse como en casa, fue entonces cuando junto a Maira, se propusieron organizar un gran asado, como los de casa, esos que juntaban a la familia. Como cuando venían los parientes que vivían cerca pero los de más lejos también, venían los yernos y nueras y nietos que jugaban con los primos que eran del campo y hacían tortas de barro y las madres cambiaban recetas y las abuelas se hamacaban en las mecedoras esperando que los hombres de la casa hicieran el asado. Y entonces surgió la pregunta, ¿Y si nos juntamos? Y así fue que 500 argentinos quedaron de juntarse en noviembre para comer una súper parrillada en Milán, entre amigos y en familia, como en casa. 

Es cierto que algunos se transfieren por trabajo, otros por amor, y otros por cumplir un sueño, pero todos terminan enamorados de Italia y haciendo de ella su patria, de eso no hay dudas.

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#Facebook #Inmigración