El #Papa Francisco ha llamado de nuevo la atención sobre el drama que sufren los inmigrantes y ha buscado evitar que se creen problemas de integración en los países a los que llegan. A los países receptores ha pedido ofrecer acogida y tratarles con respeto y a la comunidad internacional ha solicitado unas normas claras que regulen el problema.

 En este caso, el máximo representante de la Iglesia Católica se ha referido así en un texto dedicado a los inmigrantes y refugiados en el que pedía que se les dé acogida en los países a los que llegan, pero en el que también reclamaba que haya respeto recíproco, tanto de los inmigrantes hacia los países que les reciben, como viceversa.

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Jorge Bergoglio llamó la atención sobre las "historias dramáticas de millones de hombres y mujeres" que sufren "inaceptables crisis humanitarias en muchas zonas del mundo". Éxodos masivos provocados por la pobreza, la violencia y las persecuciones que reconoció necesario evitar.

Se dirigió a los refugiados como "víctimas de la violencia y la pobreza" y  quiso remover las conciencias de los países que reciben a estos "hermanos migrantes". En ellos, es necesario evitar la discriminación, el racismo, el nacionalismo extremo y la xenofobia.

Jorge Bergoglio, que en diferentes ocasiones ha manifestado su preocupación por los derechos de los inmigrantes y que él mismo se ha dicho hijo de una familia de inmigrantes, se preguntó: "¿No es tal vez el deseo de cada uno de ellos el de mejorar las propias condiciones de vida y el de obtener un honesto y legítimo bienestar para compartir con las personas que aman?".

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A los católicos e instituciones de la Iglesia les pidió hacer más por los refugiados: "En la acogida del extranjero se abren las puertas a Dios y en el rostro del otro se manifiestan los rasgos de Jesucristo". Además, destacó la responsabilidad de todos los ciudadanos, porque ser indiferente abre "el camino a la complicidad al ver como espectadores a los muertos por asfixia, problemas, violencias y naufragios".

Al referirse a los lugares a los que llegan los refugiados, el papa percibió cómo se repiten los "debates sobre las condiciones y los límites que se han de poner a la acogida", algo que se plantean no solo los gobiernos sino incluso también algunas comunidades parroquiales.

Para evitar debates excluyentes, abogó por la importancia de que la opinión pública esté informada. Pero también se refirió al respeto mutuo y recíproco que debe haber entre acogidos y quienes acogen, para que la integración sea "enriquecedora" para todos. Solo puede conseguirse con respeto, que pasa por que los inmigrantes sean vistos como personas "protegidas en su dignidad" y se entienda que son beneficiosos para el progreso de todos.

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Del mismo modo, los refugiados deberían integrarse y atender a sus derechos y sus deberes. Les pide que respeten todas las leyes y costumbres religiosas y de vida establecidas en los países en los que pasan a vivir y contribuyan también a sus costes. Para que sea posible, se necesitan "normas claras", una acogida regulada y métodos de integración tanto a corto como a largo plazo, que respete y proteja los derechos y deberes de todos.

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