La próspera Alepo estaba habitada por más de 2.200.000  personas. Los pocos centenares de habitantes que hoy quedan saben que la revolución ha muerto. Lo que más desean en este mundo, es que la guerra acabe y que Al Assad recupere el poder . Desean que las banderas del #Estado Islámico sean arriadas y vuelvan a flamear las banderas sirias ya que no las de la revolución. El terror ha hecho que muchos rebeldes escapen de #Siria o se conviertan al islamismo.

Los ciudadanos de Alepo están muertos de hambre y de sed, por eso salen cada mañana en busca de agua y comida. Las bombas y los proyectiles amenazan constantemente sus vidas, se espera el momento más oportuno para llegar a los lugares de ayuda.

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Sobre la ciudad caen barriles de TNT arrojados por el régimen. En ocasiones impactan sobre grupos, que esperan para retirar víveres, enviados por la ayuda humanitaria de varios países. Dejan decenas de heridos. A menudo vuelven a caer barriles sobre las ambulancias que van a socorrerlos. Los gritos de dolor y el llanto desgarrado rompe el silencio momentáneamente impuesto por la muerte.

A las atrocidades se suman las crucifixiones

El Estado Islámico castiga severamente a los creyentes de otras religiones , que no quieren convertirse al islamismo. En las cercanías de Alepo algunos pastores cristianos han permanecido en sus poblados para servir a sus fieles. Los yihadistas los obligan a convertirse pero, si se niegan son torturados mutilados y finalmente crucificados.  

La ciudad antigua de Alepo fue declarada patrimonio de la humanidad en 1986 , hoy es campo de batalla .

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Estaba rodeada por una muralla con cinco puertas de las que hoy quedan solo dos. En su interior  estaba el socco cubierto más grande del mundo.  Era uno de los más visitados de Oriente. La Gran Mezquita de Alepo , hermana de la de Damasco, su entrada principal daba a un patio con grandes arcos , con piso de mármol formando  figuras geométricas , el mismo que fue  regado con la sangre de los fieles que allí rezaban durante los primeros bombardeos. La carretera que unía Damasco con Alepo, está dominada en parte  por yihadistas del Estado Islámico y en parte   por otros grupos rebeldes Ya no existen el festival de la Ruta de la Seda  o los recitales de música árabe que disfrutaban con pasión los alepinos. La guerra terminó con las dulzuras de la vida. #Terrorismo