El gigante rojo ha dado un giro a la economía mundial al devaluar de forma inesperada su moneda por segunda vez la semana pasada y ha puesto en tela de juicio las teorías sobre su futuro crecimiento exponencial y la supuesta fuerza de su economía.

Un experto economista chino se encogió de hombros con desesperación ante la noticia y declaró: 'es agosto'. A pesar de ser el mes más turístico del año, agosto ha sido a menudo testigo de las primeras grietas que más tarde se convierten en profundos cambios en las placas tectónicas de la economía mundial, como ya pasaría en el 'default' de la deuda rusa en 1998 -algo apodado por Adam Applegarth, jefe del banco Nothern Rock, 'el día que el mundo cambió'-, cuando se hicieron sentir las primeras oleadas de la #Crisis crediticia en 2007; hasta agosto de 2011.

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Observándolo con perspectiva, la devaluación de la moneda china sólo ha dejado al yen un 3% más débil que el dólar. Sin embargo, esta pequeña bajada ha sido suficiente para situar la moneda en su peor nivel desde hace 20 años y suficiente también, para que las ondas de la bajada se sientan a miles de kilómetros de distancia. ¿Qué pasará entonces con el resto del mundo?

La devaluación de la moneda puede ser vista como una señal de socorro de los responsables políticos de Beijin, en cuyo caso la segunda mayor economía del mundo podría estar teniendo problemas intentando mantener el ascenso en picado de su economía, que se quedaría por detrás del 7% que sugiere las cifras oficiales. Actualmente, el crecimiento chino está basado en el impuslo a las exportaciones y el gasto del consumidor, mientras paradójicamente intentan desinflar la burbuja inmobiliaria.

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China ha estado tratando de aumentar los salarios de sus ciudadanos, lo que ha desembocado en unos productos menos competitivos con respecto a sus vecinos asiáticos, así como el aumento de las materias primas, causante de pérdidas millonarias a empresas como Apple y la bajada del coste del carburante, y el precio del transporte marítimo. La devaluación de la moneda ayudará a seguir mejorando la calidad de vida de los chinos y la competitividad en el mercado en el que se basa su economía. Sin embargo, el yuan barato sovocará en la inflación e inseguridad en los inversores.

Expertos señalan además, que una crisis económica en China sería perjudicial para países como Australia, Brasil, Rusia, Chile, Korea e incluso Grecia, que podría empeorar considerablemente su situación con la bajada de las materias primas chinas. Las políticas económicas adoptadas por China han despertado furia en Washington y las consecuencias de ésto pueden ser impredecibles si siguen aumentando las tensiones entre las dos grandes potencias.