“La guerra de Bosnia no ha terminado”. Así lo dijo Boban Minic, el periodista de Radio Sarajevo que se quedó casi sin voz por hablar durante horas, sin apenas agua para beber, durante buena parte de los mil días del Cerco de Sarajevo. Y del mismo modo lo recuerda el periodista Alfonso Armada, que ha presentado el pasado sábado en Urueña (Valladolid) su libro Sarajevo. Diarios de la guerra de Bosnia (Malpaso Ediciones).

El acto formó parte de la inauguración de la librería Primera Página, especializada en periodismo, fotografía y viajes. En él, el periodista explicó que la publicación de este libro “no se debe a que se cumplan veinte años del supuesto final de la guerra”, sino a una serie de “casualidades y accidentes”.

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“El libro compagina las crónicas publicadas en los años 1992 y 1993 en el diario El País, de los tres viajes que hice a Sarajevo durante el asedio, y los diarios íntimos. Es una guerra que recuerda la vergüenza de Europa y de las Naciones Unidas, que permitieron que triunfara la infamia”.

El periodista rescata estos textos que, salvo el epílogo -que lo escribió hace dos años-, la mayor parte están escritos hace dos décadas. “Por comentarios que me han hecho, puede pensarse que las crónicas siguen siendo valiosas para entender qué ocurrió en Bosnia, y las reflexiones sobre el papel del periodista, el miedo, cómo cubrir una guerra, o el sentido de lo que hacemos tal vez puedan ser útiles para quien quiera asomarse a un conflicto que ocurrió en el corazón de Europa”, apunta el periodista.

En aquel momento, Armada, que actualmente trabaja en el diario ABC, pensaba que lo que había vivido en Sarajevo le había “vacunado contra el miedo y el espanto”.

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Pero no fue así. “El genocidio ruandés de 1994 me descubrió que nada te puede preparar contra una atrocidad de esa escala”, apunta el también autor de Cuadernos africanos, un libro imprescindible para cualquier aspirante a periodista. “Sí me permitió –continúa– saber cómo manejar el miedo y cómo escribir de un conflicto, cómo no cargar las tintas, trabajar sobre la contención, prestar la mayor atención a las víctimas, y no dejar nunca de lado la emoción”. 

Frente a conflictos como el que actualmente se desarrolla en #Siria, el periodista destaca como una diferencia fundamental que en Bosnia “estaban encantados de que periodistas extranjeros se preocuparan por su suerte, compartieran parte de sus penurias, contaran al mundo lo que allí ocurría”. “En Siria, sobre todo del lado de las fuerzas que combaten contra el régimen de Al Assad, no quieren testigos: han convertido a los periodistas en objeto de transacción o de escarmiento, como se han visto en el asesinato de periodistas y cooperantes anglosajones.

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Además, ellos se encargan de fabricar sus piezas ‘informativas’, de impecable factura formal, pero que difunden el horror a través de los nuevos medios con rapidez y absoluta falta de escrúpulos”, lamenta el periodista.

Armada dirige además la revista de periodismo de largo aliento Frontera D, lo que le hace valorar este periodismo reposado, el mismo que después puede recogerse en un libro. “El periodismo de la inmediatez se agota en sí mismo, es reiterativo, previsible, superficial, vano, convierte en noticias eventos que a menudo no los son, alejado además de la calle, del testimonio y de la observación directa”, apunta Armada, que añade: “Hay nuevos medios digitales y en papel que están sirviéndose de la crónica, del reportaje de largo aliento, para contar la realidad, una realidad que no se agota, ni mucho menos, en la actualidad. Hay grandes revistas que cultivan estos reportajes que me parecen una de las mejores formas de contar el mundo. Y los libros de no ficción, de largas crónicas, como demuestra editoriales como Libros del KO o la Universidad Diego Portales de Santiago de Chile, son una fórmula estupenda para dar cuenta de historias complejas para lectores que quieran saber de verdad de qué va la vaina”.