En una semana convulsa tanto para el Eurogrupo como para el gobierno griego, ambos se mantienen firmes en sus posiciones. A la espera del resultado del referéndum del domingo, el primer ministro Tsipras ha pedido a los griegos que voten por el "no", mientras insiste en su determinación por permanecer en la zona #Euro.

La salida de la moneda única no beneficiaría ni a los helenos ni al resto de países de la UE y se trata de un escenario improbable. A pesar de que en el Tratado de Lisboa de 2007 se contempla la posibilidad de que un país solicite la salida del euro si lo aprueban el resto de miembros, no existe un mecanismo para llevar esto a cabo.

El conjunto de la eurozona insiste en que están provisionados para salir adelante, si esta salida tiene lugar. Grecia tiene escaso peso en el PIB europeo, tan sólo un 2%, y casi todos sus acreedores son bancos del propio país y organismos supranacionales (FMI, Banco Mundial, etc), por lo que no deberíamos vernos afectados. Si bien es verdad que el mayor golpe de la caída sería para Grecia, esta afirmación no es del todo cierta.

Una consecuencia inmediata del "Grexit" (salida de Grecia) sería la incertidumbre: la inestabilidad de los mercados y de la ya conocida prima de riesgo, con el consiguiente riesgo de los bonos y las bolsas europeas, es decir, una vuelta a la pérdida de confianza del 2008.

Con el impago de la deuda, el Banco Central Europeo tendría que hacer una recapitalización, lo que, aparte de resultar muy costoso, supondría varios meses de negociaciones para ponerse de acuerdo.

Otro riesgo es el temido "efecto contagio", que haría peligrar las economías de países como Portugal, Irlanda, Italia e incluso España. Esto agudizarías las recesiones económicas e incluso podría llegar a producirse un colapso económico mundial.

Grecia se convertiría en un estado fallido, incapaz de prestar los servicios mínimos de un gobierno centralizado. Perdería también la protección comercial que supone pertenecer a la #Unión Europea.

El primer problema que tendrían que afrontar los griegos sería dotarse de una nueva moneda, con todo el gasto logístico que supondría ponerla en circulación. Esto llevaría a la bancarrota de Grecia, al no poder hacer frente a su deuda, en euros.

La mayoría de bancos griegos también se declararán en bancarrota, porque son acreedores de la deuda griega y porque se producirá una fuga masiva de capitales: los inversores no querrán apostar por una moneda devaluada y la gente pretenderá deshacerse del dinero griego, acudiendo en masa a retirarlo de sus bancos. Esto ya está ocurriendo, dando lugar a lo que han llamado "corralito griego". Si quiebra el sistema financiero griego el Estado no podrá rescatarlo ya que estará saliendo de su propia bancarrota.

El desprestigio del dracma afectará al comercio exterior, aumentando sus exportaciones ya que sus productos costarán menos. El turismo también se verá incrementado al resultar un destino barato. Pero al disminuir el valor de la moneda, los ahorros de los griegos valdrán menos, es decir, habrá un mayor empobrecimiento de la población.

Por tanto, las amenazas de unos y otros no resultan muy creíbles, ya que la salida de la eurozona de un país debilitaría al conjunto. Algunos expertos apuntan que esta crisis ha demostrado "la ineficacia de las instituciones europeas actuales" y abogan por reestructurar todas las deudas de los socios, recriminando que "Alemania, el país que no ha pagado sus deudas en el siglo XX, haría bien en recordarlo". #Crisis en Grecia