Italia, el país europeo que más inmigrantes irregulares recibió en los seis primeros meses del año, insta a la Unión Europea a ser solidaria ante el drama migratorio, que se mostró con toda su crudeza en la localidad fronteriza de Ventimiglia, donde centenares de inmigrantes acamparon con la esperanza de llegar hasta Francia y continuar su periplo por Europa.

En lo que va de año, son 65.000 los inmigrantes que entraron por mar a Italia, según la Organización Internacional para las Migraciones. Pero Italia insiste en que estas personas, la mayoría procedentes de Eritrea, Senegal y Sudán y que arriesgan sus vidas en embarcaciones huyendo de la guerra de sus países, no quieren quedarse en territorio italiano, sino que sueñan con alcanzar el norte de Europa.

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Más allá de los innumerables rescates marítimos y muertes en aguas italianas, especialmente cercanas a la isla de Lampedusa -sur de Italia-, desde hace dos semanas el foco de la tragedia se situó en Ventimiglia, una pequeña localidad costera en el noroeste de Italia en la que centenares de inmigrantes acamparon el 13 de junio.

Su objetivo, pasar al otro lado de la frontera de Francia, a apenas 15 kilómetros de donde se establecieron, un recorrido que se hizo imposible con la decisión unilateral de Francia de cerrar su frontera a quienes no tengan un permiso de residencia comunitario.

Ante tal negativa, se establecieron en la estación de tren y en la escollera de este pueblo costero.

En la estación, los pasillos se encontraron abarrotados por decenas de personas que dormían y hacían sus necesidades, mientras que en la escollera los inmigrantes tuvieron que hacer frente a las condiciones climáticas, que pasaron de lluvias y frío hasta el calor agobiante.

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En ambos lugares estuvo Laura Bastianetto, portavoz de Cruz Roja Internacional en Italia, que explicó en una entrevista con Blasting News que más de dos semanas después del inicio de los asentamientos, quedan más de cincuenta inmigrantes viviendo en la escollera y unos 200 en las instalaciones cercanas a la estación, aunque ya no en las instalaciones ferroviarias.

Unas doscientas personas están ahora en locales del estado aledaños a la estación", aclaró Bastianetto, quien señaló que, aunque la situación ha mejorado y la emergencia no es tal, "el número está por encima del consentido y hay más personas que capacidad".

Una realidad que, a pesar de todo, es mucho mejor a la que vivieron agolpados en la estación, porque "hay un médico, un servicio de cocina que distribuye desayuno, comida y cena e instalaciones sanitarias para asearse".

En la escollera, la cifra de personas que vive a la intemperie se ha reducido desde unas 200 iniciales hasta alrededor de cincuenta, entre las que no hay niños ni mujeres.

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"No sé dónde ha ido la gente, pero no es mi responsabilidad", dijo Bastianetto preguntada por el destino de los inmigrantes. "Unos intentan ir a Francia, les pillan las autoridades y vuelven, pero nos dicen que lo tienen que intentar", afirmó, aunque también dijo conocer casos de quienes habían viajado a Milán, donde tenían conocidos. #Crisis #Inmigración