Los trabajadores del Correccional Clinton se encontraron con una inesperada sorpresa al hacer la ronda de rutina, una nota dejada por dos presos que decía "Tengan un buen día". Los dos reclusos, Richard Matt y David Sweat, fueron condenados por asesinato y cumplían pena en el área de máxima seguridad de esta prisión situada en el estado de Nueva York.

Como si de una película se tratase los presos escaparon de su celda después de hacer un agujero en la pared de la misma y acceder a una intrincada zona de tuberías y túneles, lograron salir al exterior. Los dos asesinos tuvieron que cortar con herramientas eléctricas tuberías y paneles para conseguir escapar, según han comentado las autoridades que se encuentran a la búsqueda de los dos hombres.

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El Correccional Clinton se sitúa a unos 25 kilómetros de la frontera con Canadá y es llamado "La Pequeña Siberia" por lo remoto de su localización y por el largo invierno que se produce en esta región. En la prisión conviven más de 2.500 reclusos y según han comentado las autoridades nadie había logrado escapar de esta cárcel en sus 170 años de historia.

Los dos convictos salieron por una alcantarilla después de tener que atravesar el laberinto de tuberías y túneles. Según las autoridades del estado de Nueva York tuvieron que cortar paredes y tuberías de acero, lo cual tuvieron que hacerlo con herramientas eléctricas. Lo que aún no se conoce es dónde consiguieron esas herramientas o quién se las facilitó. La investigación sigue varias líneas, además de seguir la pista a los dos escapados, los cuales son considerados como muy peligrosos.

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Las cuestiones se multiplican, además, porque los dos presos que han logrado huir debían conocer la ruta que tenían que seguir para conseguir salir del laberinto en el que se metieron. Para conseguir coger a los peligrosos fugitivos el Gobernador del Estado de Nueva York ha ofrecido una recompensa de 100.000 dólares para aquel que facilite información sobre el paradero de los mismos según publica la web oficial del estado. Ambos están considerados una amenaza para el público y no se recomienda que se acerquen a ellos en caso de que sean avistados.

Se da la circunstancia de que uno de los presos huídos ya había conseguido escapar de otra prisión en los años ochenta. En definitiva, una huída más propia de películas o series de televisión que de la propia realidad, aunque al final es la realidad la que nos acaba sorprendiendo.

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