En apenas dos años en el poder, plagados de críticas, protestas y polémica, Nicolás Maduro ha logrado establecer un estilo propio de discurso que se pasea entre lo errático y lo amenazante, entre el radicalismo y la invocación de la memoria de Chávez. Su discurso en cadena nacional del 04 de junio de 2015 no fue la excepción.

Maduro enfrenta hoy la peor crisis económica y social desde la instauración de la revolución bolivariana en 1999 por parte de Hugo Chávez. La pérdida de la capacidad adquisitiva del venezolano va de la mano con un salario bajo, una devaluación sostenida de la moneda, opacidad en las cifras públicas, denuncias de corrupción y narcotráfico, la inflación más alta del planeta, delincuencia desbordada y el reciente desplome de los precios del petróleo, único producto exportado en masa por Venezuela.

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En este contexto, Maduro, autodenominado como "el hijo de Chávez", se empeña en acusar a factores externos de la crisis que enfrenta la nación caribeña, alentando con políticas nacionalistas el despertar del chavismo, que para este primer semestre no supera el 20 % de apoyo popular, conforme las más recientes encuestas. Maduro ha ordenado la recolección, a toda costa, de firmas contra la administración de Obama, se ha enfrentado al Reino de España y ha generado el concepto de guerra económica contra Venezuela.

En medio de la inauguración de un nuevo centro de distribución de alimentos subsidiados en la localidad de Ciudad Belén, Maduro "llamó al despertar nacional, al despertar colectivo, al despertar de la consciencia, al despertar del pueblo frente a una oligarquía que está calculando todos los días hacer daño." Estas palabras van de la mano con la tendencia de acusar a la maltrecha oposición venezolana de una conspiración para derrocarle, a través de una supuesta Guerra Económica cuyos principales artífices son Washington y Álvaro Uribe.

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Esta guerra a la que el #Gobierno venezolano dice enfrentarse ha sido debatida por expertos de Naciones Unidas en el reciente examen que sobre DDHH se realizó a Venezuela. En éste se exigió al país demostrar su existencia o a no valerse de ella como excusa para la obtención de rédito político y justificar el incumplimiento de los deberes internacionales que tiene ante las terribles cifras mostradas por Venezuela en el examen realizado en Ginebra el 3 de junio.

Mientras que la oposición busca asumir nuevos espacios con convocatorias de calle exigiendo elecciones parlamentarias y respaldando las acciones reivindicativas de sus presos políticos, Maduro insiste en advertir los supuestos peligros que entrañarían que la revolución bolivariana perdiese el poder repitiendo sin cesar que la agenda de la oposición no es más que una representación de los intereses del Imperio Norteamericano.

Maduro, en cadena nacional hizo un polémico llamado a los venezolanos a prepararse "para un tiempo de masacre y de muerte si fracasa la revolución bolivariana, pónganse las pilas todos o vamos a ver qué pasa con esta patria", increpó.

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Resulta grave comprender como un líder que se hace llamar democrático advierte hechos tan terribles en medio de la ausencia de políticas que logren sacar a Venezuela de la existente crisis que enfrenta, sin asumir responsabilidades de las malas políticas tomadas en 16 años de gobierno.

Cabe preguntarse: ¿para Maduro cualquier escenario es posible con tal de mantener el poder a cómo de lugar? Todo indica que el chavismo está dispuesto a mantenerse en el poder contra viento y marea. #Mariano Rajoy #Estados Unidos