Finalmente, Benjamin Netanyahu logró conformar gobierno y ser elegido como Primer Ministro de Israel tras las pasadas #Elecciones del 17 de marzo, al lograr una unión con el partido Hogar Judío, que obtuvo 8 escaños. Se suman a las anteriores alianzas que habían conseguido con los partidos Shas, que obtuvo 7 escaños, el nuevo partido Kulanu, que obtuvo 10, y Judaísmo Unido de la Torá con 6.

El partido de Netanyahu, el Likud, obtuvo el 23% de los votos, traduciéndose en 30 escaños, y logrando, con esta última negociación, los 61 escaños necesarios para obtener mayoría absoluta en un Pleno de 120 diputados. Los resultados son muy similares a la elección del 2013, donde el Likud consiguió 31 escaños y tuvo que hacer distintas alianzas para llegar a ser gobierno, logrando en ese entonces 68 plazas.

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A fines del año pasado, la enorme fragilidad de la coalición que sostenía a Netanyahu en el poder se hizo evidente, por lo que el Primer Ministro decidió separarse del Partido del Futuro y de la formación El Movimiento, perdiendo su mayoría en el Parlamento. En razón a esto se adelantaron las elecciones del 2017 a este año. En esta oportunidad, Netanyahu creó otra coalición con varias fuerzas políticas. Si bien por ahora parecería finalizar el período de incertidumbre respecto a la estabilidad del país, el número de partidos que componen el gobierno limitará el campo de acción del Likud, lo que podrá dejar a Netanyahu en jaque más de una vez.

El gobierno de Netanyahu ha tenido siempre una política abiertamente agresiva con Palestina, teniendo como ejemplos las operaciones militares "Lluvia de verano", "Invierno caliente" y "Plomo fundido".

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Además, en 2007 Israel realizó un bloqueo económico en la Franja de Gaza limitando las rutas de comercio entre ambos países y restringiendo la zona del Mar Mediterráneo donde podían pescar. Como efecto inmediato, solo en un año cerró el 95% de las industrias palestinas, 75 mil personas perdieron su empleo provocando que la pobreza subiera hasta el 80%.

Tal resultado impide pensar en una próxima salida pacífica entre Israel y Palestina, sin embargo el nuevo gobierno vislumbra un problema aún más grave. Ante los discursos de Netanyahu, negándose a la posibilidad de la creación de un Estado palestino, el presidente estadounidense, Barack Obama, empieza a presionar a Israel amenazando con aislarlo en la ONU, cuando antes Estados Unidos era el principal aliado del país judío.

A esto se suma el cambio de enfoque de la política exterior estadounidense, en donde Obama firmó un acuerdo nuclear con la República de Irán, anteriormente entendida como terrorista, en donde Irán abandona su programa nuclear mientras que Estados Unidos le retira las sanciones económicas, permitiendo crecer internamente al país árabe.

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Los desafíos de Netanyahu para esta gestión son múltiples, mostrando la fragilidad de Israel en los próximos cuatro años. Al siempre latente conflicto con Palestina, se le suma la posible ruptura de relaciones con Estados Unidos, lo que lo dejaría aislado de la ONU, en donde los estadounidenses tienen poder de veto en el Concejo de Seguridad.

Además, se suman los conflictos internos, viniendo de una coalición poco estable y llegando a otra que tampoco es muy prometedora, no solo por la cantidad de miembros dentro de ella, sino por lo difícil que fue armarla, ya que para lograrla se debió ceder a Hogar Judío la cartera de Justicia, demostrando la cantidad de intereses cruzados que tendrá este próximo gobierno.