Francia entera asiste desde hace semanas, como dice el tópico, atónita y sin creérselo, a una especie de guerra civil entre el fundador del FN y su propia familia, su hija a la cabeza, que ha llegado a provocar la casi total y fulminante expulsión de Jean-Marie Le Pen del partido y de cualquier cargo directivo, menos el honorífico, pero en uno de sus feudos por ahora sólidos como la pequeña ciudad sureña de Béziers, de la cual hemos hablado varias veces en este diario, ha saltado un escándalo que ataca directamente a los principios de la propia República francesa.

Robert Ménard, periodista, ex miembro de Reporteros Sin Fronteras, antaño izquierdista y con los años convertido en una especie de Pío Moa a la francesa, había efectuado una clasificación en los colegios de Béziers por etnias, sobre todo de los estudiantes de religión musulmana.

Al conocerse este asunto, el escándalo ha sido inmediato en todo el país, pues aunque Ménard ya lleva en el año escaso que está como alcalde con medidas extravagantes una tras otra, como el belén en el hall del Ayuntamiento (algo vetado en la laica República francesa) o dedicar una calle a un golpista que atentó contra De Gaulle por conceder la independencia a Argelia (país natal del propio alcalde), ésta última ha sido sorprendente. Sorprendente en el mal sentido, claro.

Dicha clasificación por etnias es ilegal en Francia y la prohíbe su Constitución. En la televisión francesa, en el programa “Mots croisés”, dedicado a la guerra en el FN, Ménard dijo: “En mi ciudad hay un 64’6 % de niños musulmanes en los colegios primarios y en las guarderías”. Al preguntarle de dónde salen esos datos, dijo: “Son los datos de mi Ayuntamiento. Siento decirles que el alcalde tiene, clase por clase, los nombres de los niños. Sé que no tengo derecho a tenerlos. Los nombres muestran la confesión [religiosa] de cada uno. Decir lo contrario es negar la evidencia”.

La Ley sólo prevé excepciones a la prohibición constitucional por trabajos de investigación, autorizados por la Comisión Nacional de la Informática y las Libertades (CNIL). Pero lo hecho por Ménard ya ha provocado una investigación de la Prefectura de Montpellier, donde se encuentra Béziers, y el CNIL podría sancional al alcalde y llevarlo a juicio, con posible condena de cinco años y 300.000 € de multa.

Ménard, con una tranquilidad pasmosa durante todo el programa, justificó su medida diciendo que no tiene ninguna lista de alumnos en su ciudad, pero que sí “tengo memoria”, apunta, y que sólo responderá “ante el Juez de Instrucción”. Además, exige una lista estadística por etnias en Francia, “por el bien de los niños” y mostrar que “hay demasiados inmigrantes en Francia, cuya integración aquí es imposible”.

Todo esto ha indignado al Primer Ministro Manuel Valls, que siente “vergüenza” del alcalde de Béziers, según dice en su cuenta de Twitter. Más clara es Christiane Taubira en la suya: “El espíritu de 1939 ha vuelto, los mismos viejos demonios y las cuchilladas a la República. La misma cobardía hacía los niños”. Ménard ha sacado su victimismo, hablando de la “monstruosa hipocresía de la izquierda” y recordando que Valls había querido sacar una clasificación parecida en 2009 cuando era diputado.

Y mientras, Jean-Marie Le Pen acusa de “felonía” y “venderse al sistema” a su hija Marine, que sigue implacable en su decisión, e incluso la nieta de JMLP intenta calmar el ambiente tenso con que se aparte a su abuelo de todo el tinglado del partido. #Unión Europea #Racismo