Los terremotos que han asolado Nepal en las últimas semanas han dejado miles de víctimas mortales y heridos, pero también soledad y vacío afectivo. No debe ser fácil mantener el tipo ante tamaña desolación, ni conservar la ilusión estando tan cerca del abismo. Por eso, conseguir una sonrisa es un logro incalculable. Así lo entiende Antonio Caballero, miembro de la Unidad Canina de Rescate del Consorcio de Bomberos de la Diputación Provincial de Córdoba que el pasado abril viajó al país asiático como voluntario para colaborar en las tareas de salvamento de supervivientes tras el primer terremoto.

Sus recuerdos están repletos de historias tristes, pero también de hermosos momentos, casi todos ellos protagonizados por chiquillos, a quienes -asegura- la tragedia no les ha quitado las ganas de jugar.

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Las experiencias vividas por Antonio Caballero y sus once compañeros de la ONG Bomberos sin Fronteras han sido duras, "pero los niños siempre hacen que te mantengas al margen del dolor", porque "cualquier gesto que tienes con ellos te lo devuelven con una sonrisa".

Por eso, en las horas de descanso, estos voluntarios que han recorrido muchos kilómetros a pie para acceder a zonas inhóspitas, han dedicado gran parte de su tiempo a atender las necesidades de los más pequeños, a enseñarles canciones que les ayudaran a sobrellevar la situación, a cortarles cordeles de sus cuerdas de rescate para que pudieran jugar a la comba o, simplemente, "a cogerlos en brazos". Gestos que han hecho que los #Niños volvieran a ser niños por un rato. Y eso -Antonio lo tiene claro- "es lo que más me ha llenado".

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