Este sábado, ha sido beatificado el arzobispo Romero fallecido en 1980, cuando lo asesinaron con un disparo al corazón. Al acto acudieron más de 300.000 personas llegadas de todos los puntos del mundo. 

Monseñor Romero, era un religiosos defensor de los campesinos pobres y las víctimas de violaciones a los derechos humanos, tan habituales durante la dictadura que sufrió el país, por parte de los ejércitos o por comandos urbanos de la guerrilla.



El Arzobispo Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, fue asesinado por un francotirador, mediante una bala del calibre 22 explosiva dirigida al centro del corazón. Todo esto ocurría en el Salvador en un momento, donde el religioso estaba advertido por los diarios del país, de que desistiera de su lucha y callara. El resultado final, fue su muerte.



Ya han pasado 35 años años de aquel 24 de marzo de 1980, y es ahora, cuando llega su beatificación, a la que acudirán más de 300.000 personas de todo el mundo para asistir al acto. El #Vaticano ha determinado que este religioso salvadoreño perdió su vida por odio a la fe y por ello, para la Iglesia Católica, esto le convierte en mártir.



Justo antes de su muerte, Romero había pedido a través de una carta al presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, la suspensión de la ayuda militar al gobierno. También, el día anterior a su asesinato, y desde su púlpito, pidió a las bases militares que por favor desobedecieran las órdenes llegadas de sus superiores, en un intento por erradicar todo esto, del pueblo del Salvador.

Sus palabras no solo fueron oídas por los fieles que ahora lo alzan a mártir, sino también por ese gobierno del que se quejaba y un asunto tan delicado como es el militar, que desembocó en su muerte. Hasta ahora, el asesinato del ya Santo, sigue en la impunidad. Nadie hasta este momento, ha pagado por ese acto.

Desde este sábado, tenemos un Santo más.

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Un mártir más que aún bajo la presión de la ultraderecha salvadoreña, ha sido beatificado le pese a quien le pese, salvando amenazas y contrariedades.