La cifra de muertos en el país colombiano llega a un nivel inmanejable en el noroeste colombiano por un alud de barro y piedras: hasta 88 fallecidos en el desastre. Según informan las autoridades del lugar, la avalancha se produjo a eso de la madrugada en la población de Salgar, que se encuentra ubicada en el departamento de Antioquia a 265 kilómetros al noroeste de Bogotá,  por una crecida del rio de la quebrada La Liboriana.

El director de la estatal comunidad Unidad Nacional para la gestión del Riesgo y  Desastres, Carlos Iván Márquez, manifestó telefónicamente que de las 88 víctimas fatales, ya fueron identificadas 56.  Aún no está claro cuántas personas desaparecidas hay, pero las autoridades pertinentes han dicho que las probabilidades de hallarlas con vida pueden ser muy pocas.

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Cesar Ureña, jefe de socorro nacional de la Cruz Roja colombiana, dijo que la cifra de desaparecidos rondaría desde 50 a 80 personas.

Lo de salgar quizás sea el peor siniestro que ha perpetrado en Colombia desde el terremoto del 1999 ocurrido en la cuidad de Armenia, donde acabó con la vida de más de mil personas. Ante esta situación el presidente Juan Manuel Santos prometió  al pueblo colombiano reconstruir las viviendas perdidas y brindar refugios y la debida asistencia a los afectados.

La accidentada orografía de Colombia,  en una zona bastante sísmica ubicada en el extremo norte de los Andes, junto con las precarias construcciones que hace al país uno de los más propensos a que ocurra un desastre en Latinoamérica. Más de 150 catástrofes se han suscitado en el transcurso de los últimos 40 años, las cuales han sembrado terror y han cobrado con la vida de 32mil vidas.

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Reportan que hay 365 familias damnificadas tras la tragedia, es decir, unas 2000 mil personas. #Crisis



En medio de este revuelo, el punto menos ácido de la tragedia nos la encontramos de la mano de un perro que se encontraba por las aguas caudalosas del rio, prácticamente muerto. Uno de los policías, llamado Edison Amaya, lo rescató y le aplicó respiración boca a boca. Cuando el animal reaccionó, le aplicó una inyección intravenosa de suero.  Amaya relató que el mismo viernes hasta el mismo director de la policía general Rodolfo Palomino, se interesó tanto por la historia que decidió bautizar al perro como  “Príncipe”, y ha pasado a ser mascota del agente. "Me acompaña a todos lados", contó el policía de 23 años.