Uruguay es uno de los países con mayores libertades sociales de América Latina. Ayuda haber sido gobernados, durante la última legislatura y hasta el pasado 1 de marzo, por uno de los presidentes más valorados y queridos no solo en el país, sino en todo el mundo. José Mujica ha sido y es ídolo de masas y los uruguayos se sienten cómodos abanderando insignias de integración y cantando aires de libertad. Sin embargo, el pasado 15 de marzo, la capital se vio envuelta en un altercado que no gustó a los tranquilos y respetuosos ciudadanos.

Uno de los entretenimientos más arraigados en el país, además del de beber mate a todas horas, es el de bailar tango.

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Pero además de los consolidados locales para este efecto, el Ayuntamiento concede permisos a entidades privadas para organizar bailes al aire libre, actividades públicas y gratuitas. Son las conocidas "milongas al aire libre". Una de las más conocidas es la que se realiza cada domingo en la Plaza del Entrevero, en Montevideo.

Sin embargo, la tranquilidad uruguaya fue sorprendida el pasado domingo 15 de marzo cuando corrió por las redes sociales la noticia de que habían sido expulsadas dos mujeres de la milonga del Entrevero por bailar juntas. A las dos chicas las ordenó abandonar el baile el coordinador del mismo, al grito de "Acá no queremos tortas ni maricones". Florencia Veiro y Lucía Conde, que se habían puesto a bailar mientras hacían tiempo en la plaza antes de entrar en un concierto en una sala de las inmediaciones, se marcharon de la milonga pero manifestaron su desazón e indignación a través de sus perfiles en internet.

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Rápidamente, múltiples personas las apoyaron a través de las redes sociales. Asimismo, a través del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) se convoco un acto de protesta llamado "Milonga inadecuada", para el domingo siguiente, que consistía en convocar una milonga de parejas del mismo sexo. La plaza se abarrotó el domingo 22 y a los bailarines profesionales se les sumaron los montevideanos que, supiesen o no bailar, quisieron dejar constancia de que Uruguay no es un país homófobo.

Empezó la música y, como se pudo entre tanta gente, se realizaron los bailes mientras se aupaban banderas con colores arcoiris. Apenas si se podía bailar porque no entraba un alma más, pero quedó claro que el objetivo, protestar porque este hecho no volviese a suceder, se alcanzó. 

El Gobierno local se sumó a la reivindicación y suspendió temporalmente a la agrupación coordinadora del evento la licencia de espectáculos para realizar sus milongas en la plaza, a las que nadie tiene prohibido el acceso por ser un espacio público.

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Además de esta suspensión temporal, el coordinador que las expulsó debía mostrar un cambio de conducta y retractarse. Él anunció que no lo haría, y el pasado domingo 12 de abril, la milonga volvió a abrir sus puertas. Se desconoce que se dieran esas disculpas, pero como decía a la salida del evento uno de los participantes, en esa noche sí habían "dejado" bailar a mujeres con mujeres.