De acuerdo con el informe "Derechos que penden de un hilo", dado a conocer por la organización Oxfam Intermón esta misma semana, se estima que 263 mil mujeres son explotadas por la industria textil en Centroamérica (principalmente en los países de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua), cifra que representa un 58% de la fuerza laboral de este sector.

El modelo de explotación que la industria textil ha adquirido en esta región es el de las Zonas Francas Textiles para la Exportación (ZFTE) o maquilas donde se produce la ropa destinada al mercado internacional en unas condiciones labores de extrema precariedad y sin apenas respeto por los derechos laborales.

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Las ZFTE, propiciadas por los gobiernos centroamericanos, tienen como objetivo incentivar las inversión privada en estos lugares ofreciendo condiciones más laxas, como por ejemplo, incentivos fiscales o mano de obra barata y no sindicada, como ha explicado Déborah Itriago, autora del informe.

En última instancia, el perfil de las personas empleadas en las maquilas suele corresponder a mujeres de entre 18 y 35 años con un nivel de estudios bajo, procedentes del ámbito rural, con hijos a su cargo y, en muchos casos, cabezas de familia de hogares monoparentales. El salario mensual percibido por su trabajo oscila en un rango que va de los 148 euros en Nicaragua hasta los 300 euros en Guatemala.

Se buscan Fashion Victims

Con el objetivo de concienciar a la ciudadanía occidental acerca de esta problemática y de la importancia que tienen sus decisiones de consumo, Oxfam Intermón también ha lanzado, a través de sus #Redes Sociales, la acción online "Se buscan Fashion Victims.

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Condiciones laborales increíbles".

A través de una oferta laboral ficticia, la ONG ha expuesto las condiciones laborales a las que se ven sometidas las personas que trabajan en las maquilas centroamericanas, dejando claro quiénes son realmente las "fashion victims" de la industria de la moda.

El comercio justo como alternativa

Además, en su informe, Oxfam Intermón también ha dejado patente que el comercio justo, en el que la organización lleva trabajando desde 1994, representa cada vez más una alternativa a la industria textil tradicional. Esta forma de comercio alternativa trata de propiciar unas relaciones comerciales Norte-Sur más equilibradas, proporcionando salarios justos a los productores y las productoras del Sur que se benefician de esta modalidad de comercio.

Además, el comercio justo respeta los derechos laborales de las personas y trata de que la producción sea sostenible medioambientalmente al tiempo que denuncia las condiciones injustas y precarias del sistema comercial tradicional.