La caja negra que contiene el registro de los parámetros de vuelo del avión A320 estrellado el 24 de marzo, ha sido hallada este jueves por el equipo de búsqueda que se encuentra en los Alpes desde hace 10 días recogiendo todo tipo de evidencias que ayuden a esclarecer lo ocurrido durante el vuelo del Airbus donde viajaban 150 pasajeros.

Esta segunda caja negra es la pieza fundamental para finalmente corroborar si, tal y como afirma el fiscal de Marsella, Brice Robin, el avión fue estrellado de forma deliberada por el copiloto Andreas Lubitz.

Esta caja negra completará la información que ya se tiene sobre el siniestro y que fue obtenida de la primera caja negra, hallada el mismo día del accidente y que contiene los registros sonoros de todo lo que ocurrió en la cabina del avión momentos antes del siniestro.

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Según esta primera caja negra, Andreas Lubitz, copiloto con más de 600 horas de vuelo, aprovechó el momento en el que el piloto fue al servicio para activar el mecanismo de descenso del avión. Según revelan las grabaciones, el piloto del avión, un veterano con más de 3000 horas de vuelo, intentó por todos los medios abrir la puerta de la cabina resultandole imposible debido a su mecanismo que solo permite abrirla desde dentro.

Así mismo, la torre de control también intentó ponerse en contacto con el avión cuando detectó el descenso pero Lubitz no contestó. De hecho, los datos extraídos de la primera caja negra reflejan que durante los 8 minutos durante los que el avión caía a 700 km hora, Andreas Lubitz no dijo una sola palabra. El único sonido registrado es el de su respiración.

La segunda caja negra se halla en el cuartel general de campaña ubicado en Seyne-les-Alpes, la pequeña localidad ubicada cerca del siniestro que se ha convertido en la base de operaciones para coordinar la recuperación de los cuerpos y las pruebas que ayuden a aclarar lo sucedido.

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La caja negra permanece en dicha localidad a la espera de que sea entregada a las autoridades judiciales. El estudio de la misma lo llevará a cabo la Oficina de Investigación y Análisis (BEA) que se encargó también de extraer el contenido de la primera caja negra.