El campo de refugiados de Zaatari en Jordania se convierte en el segundo más grande del mundo, sólo por detrás del de Dabab en Kenia. Situado a tan sólo 15 km de Siria, y con una extensión de 9 kilómetros cuadrados, acoge ya a más de 85.000 refugiados sirios, que siguen escapando de ciudades cercanas contándose a centenares los que llegan cada día a este campo.

Zaatari, organizada como una ciudad, se ha convertido en la cuarta más poblada de Jordania, ''obligando'' a la creación de Arzak , un segundo campo abierto por la saturación del primero. Este campo, que crece cada día, está protegido por una larga valla de alambre con espinas y por el ejército jordano, y ha sido organizado en calles de tierra con casas prefabricadas y tiendas de campaña.

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Una de las avenidas, conocida como Campos Elíseos, es donde los refugiados han creado un bazar con diferentes tipos de negocio, intentando así continuar con sus vidas y realizar las tareas que llevaban a cabo en sus ciudades de origen.

Debido a una guerra que dura ya más de cuatro años, a los fuertes controles establecidos en la frontera, y a la disminución de ayuda humanitaria percibida, la situación en Zaatari es de desesperanza. El Gobierno Jordano está en alerta debido a una amenaza real por parte del Estado Islámico, algo que deja a los refugiados sin una solución a corto plazo, atrapados entre la guerra y esta nueva vida.

Los habitantes de esta ciudad sitiada sólo buscan vivir en paz y con dignidad y, pese al miedo y la pobreza, aquellos que han visitado el campo cuentan como la situación haya mejorado de un año para otro en cuanto a condiciones se refiere.

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Se ha desarrollado el abastecimiento de agua y suministros, las casas se han ''modernizado'', y proliferan los negocios y mercados como en cualquier ciudad del mundo.

Ya no se ven infinitas colas en la entrada de familias con nada más que sus hijos en brazos, ni autobuses de refugiados llegando sin parar, ya que el flujo ha disminuido. No obstante, para Jordania (y para sus habitantes, que viven esta situación con una mezcla de solidaridad y recelo al ver cómo han subido los precios y bajado los salarios) no es fácil sostener todas sus necesidades. "Los desplazados son los grandes perdedores esta guerra y tenemos que intentar hacerles vivir una vida digna" piden desde Intermon Oxfam.