Si hace unos días se publicaba que una mujer Afgana había sido asesinada por una turba enfurecida por haber quemado el Corán, han llegado distintas informaciones de diferentes fuentes que apuntan a que lamentablemente la mujer ni si quiera había cometido tal acto.

Éstas apuntan a que el investigador principal del crimen se ha hecho eco de las grabaciones de móviles que apuntan a que había policía presente en el momento de los hechos, y que no actuaron para salvar a la mujer, que más allá de ser inocente o culpable, nunca hubiere merecido que una panda de radicales hubieren acabado con su vida de esa manera.

El General M.

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Zahir explicó ante los periodistas que se congregaron en los aledaños del funeral de la mujer que revisó todos los documentos de prueba y, una vez más, no pudo encontrar ninguna evidencia para afirmar que Farkhunda -el nombre de la mujer- quemara el Corán.

Mientras tanto, cientos de personas asistieron a su funeral el domingo, en un despliegue de apoyo que pocas veces antes se había visto. Continuó con las explicaciones el General esgrimiendo que, y siempre según la fuente de REUTERS, trece personas habían sido detenidas, entre ellos ocho policías.

El problema de identificación de todas las personas que tuvieron algo que ver con la muerte de la mujer reside en la dificultad del encubrimiento de los asistentes al linchamiento, unida la baja calidad de los vídeos que circulan por la red.

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Es común en zonas rurales, tanto de Afganistán como de otros países Árabes, incluso africanos, el tomarse la justicia por su mano, grabarlo en vídeo y huir o incluso esperar a la policía para entregar al que ha cometido un delito. Todo ello sin un juicio justo de por medio, y como lamentablemente ha sucedido, tiene como consecuencia el linchamiento de una inocente.

Además de la represalia institucional, de la comunidad internacional, y de la investigación llevada a cabo por la Policía, el presidente Afgano también ha condenado el asesinato. No obstante, como así se apunta desde diversos medios, diversas entidades religiosas esgrimieron que todos los hombres tenían derecho a defender sus creencias musulmanas a toda costa.

La historia reciente de Afganistán está llena de toda clase de contratiempos frente a la promoción de los derechos humanos, civiles y políticos. La figura de la mujer degradada no comenzó a florecer sino durante las últimas décadas. De hecho, hay numerosos estudios que muestran a la Mujer Afgana de los años 80 como una mujer libre, que podía acudir a la escuela y formarse, sin llevar ningún atuendo que la tapara el rostro.

Sin embargo, estos últimos años, gracias a la caída de los talibanes, la mujer en las grandes metrópolis está comenzando a tener más libertad. No corren la misma suerte, sin embargo, aquellas que viven en zonas rurales.