Recientemente los medios de comunicación internacional hacían eco de la noticia: Benjamin Netanyahu candidato por el partido de derechas, Likud, continuará siendo el Primer Ministro de Israel.

Ha ganado las #Elecciones sobreponiéndose a los nefastos vaticinios que le auguraban las encuestas días antes de que los ciudadanos israelitas votaran. Contra todo pronóstico, Netanyahu ha remontando su campaña electoral durante las últimas semanas, proporcionando un giro más nacionalista a la política de cambios en el que ha prometido que no habría estado Palestino, mientras él estuviera en el poder.

Tras conocer su victoria, toca esperar para comprobar si finalmente cumple con sus promesas.

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Ahora se prepara para ejercer su cuarto mandato como Jefe de Gobierno, de manera consecutiva desde el año 2009.

A estas horas y dando casi por terminado el escrutinio total de los votos, el partido Likud cuenta con unos 30 escaños llevando una ventaja de seis a su principal oponente en el partido de la oposición, la coalición de centroizquierda Campo sionista.

En términos generales y a grosso modo, para situar al lector en un contexto político que ayude a comprender la importancia de esta noticia, tanto para los israelitas como para los intereses de toda la comunidad internacional, podría decirse que como fruto de estos resultados Netanyahu contará con el apoyo y respaldo de una holgada mayoría en el parlamento, algo que no se había producido en sus victorias anteriores. Esta vez ha ganado con contundencia, dada la gran fragmentación existente en el parlamento israelí, que consta de un total de 120 diputados.

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Para poder formar #Gobierno se necesita el apoyo de al menos 61 de ellos , lo que supondría una mayoría absoluta. En total Netanyahu contaría con la representación de unos 68 diputados aproximadamente, todos ellos pertenecientes a la esfera política conservadora y religiosa, lo que facilitará el consenso y la puesta en acuerdo para la aprobación y aplicación de sus políticas en el parlamento.

La noticia ha sido recibida con sorpresa, en un contexto socio político complicado de un país que se enfrenta ahora a los problemas derivados del grave conflicto con Palestina, los enfrentamientos bélicos, la inseguridad y la desigualdad.