Pese a que hace tres días TheGuardian anunciaba lo contrario, la televisión estatal iraquí informó ayer de que la ofensiva para recuperar Tikrit de manos del Estado Islámico se encuentra en su punto álgido, gracias a la toma de la ciudad cercana de Dour. Desde ayer, la que fuera hogar de Izzat Ibrahim al-Douri, mano derecha del régimen de Saddam Houssein y desaparecido desde 2003 a 2011, se encuentra bajo control del gobierno iraquí gracias a la acción de las fuerzas pro-gubernamentales.

El cerco a Tikrit se estrecha, así, sin ningún tipo de ayuda directa por parte de Estados Unidos ni de la Coalición Internacional en la operación, tan sólo bajo asesoramiento iraní.

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Según los expertos, este es otro de los ejemplos del consenso tácito entre la Coalición y el gobierno de Teherán: donde apoya uno, el otro sobra. Aunque Iraq recibe asesoramiento de su país vecino en 3 regiones (Saladino, Babilonia y Diyala), la hasta la fecha mayor ofensiva del gobierno iraquí cuenta con la inestimable ayuda de las milicias chíitas iraníes, que conforman gran parte de los 30.000 hombres que tomaron ayer Dour. Pese a que este tipo de acciones se encuentran justificadas bajo el paraguas de la Guerra contra el #Terrorismo (aquella famosa doctrina de la Administración Bush), desde EEUU se sopesa con preocupación la creciente presencia iraní, en un momento tenso de las negociaciones nucleares entre ambos países, sobre todo por la postura israelí, defendida por el Primer Ministro Benjamín Netanyahu el pasado martes en el Congreso estadounidense.

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También, expertos y analistas de Oriente Medio advierten de la posibilidad de conflicto entre las milicias chíitas y las zonas suníes ocupadas, en gran parte debido a la impredecibilidad de estas milicias.

Por su parte, el Estado Islámico ha sido capaz de mantener Tikrit bajo su control, ciudad clave estratégicamente al encontrarse a 180 km de Bagdagd, y a 225 km de Mosul, una de las principales bases del ISIS en Irak. Sin embargo, la capacidad del Califato para luchar en varios frentes parece seguir intacta, al haber sido capaces de entorpecer el avance iraquí hacia Tikrit gracias a su estrategia de ataques-suicida y bombas en los principales caminos; a la vez que llevar a cabo ataques contra las fuerzas de seguridad iraquíes en la provincia de Anbar.

Es cierto que el ISIS sigue siendo, hoy por hoy, un formidable adversario para Iraq, un auténtico desafío para la Comunidad Internacional, y una amenaza a la seguridad y estabilidad en Oriente Medio (zona insegura e inestable per-se), pero desde luego que la ofensiva sobre Tikrit puede decantar la balanza hacia un lado o hacia otro. Si la victoria es de los seguidores del Califato, las consecuencias en Iraq pueden ser muy serias. Si por el contrario la mayor ofensiva iraquí hasta la fecha consigue su objetivo, no sólo será una gran inyección de moral, sino que el elemento estratégico jugará (al menos en el sureste de su zona de control), en contra del ISIS.