En un discurso histórico que duró casi cuatro horas, en el marco de la apertura de las sesiones anuales ordinarias del Congreso de la Nación, y acompañada por una manifestación popular que escuchaba el discurso de la presidenta desde afuera- en la Plaza de los dos Congresos- la Presidenta Argentina Cristina Fernández de Kirchner anunció el envío de un proyecto de ley al Parlamento para nacionalizar los ferrocarriles argentinos.

Acompañada con la firma del Ministro de Transporte Florencio Randazzo se trata de una instrucción dirigida a la Sociedad del Estado que administra los ferrocarriles (Sofse) para instrumentar las medidas tendientes para rescindir los contratos que las líneas de ferrocarril Mitre, San Martín, General Roca y Belgrano Sur, tienen suscriptos con operadores privados para pasar a ser administrados por la mencionada sociedad estatal.

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Entre otras razones la resolución subraya que se adopta dicha medida "teniendo en cuenta los buenos resultados y la notable mejoría en la calidad de sus servicios prestados en la línea de trenes Sarmiento desde que la Sociedad del Estado Nacional asumió su gestión", demostrando así la capacidad del Gobierno para gestionar estos servicios, y también que ante la inoperancia de los operadores privados el Estado tiene derecho a intervenir en procura de la defensa de los intereses de los ciudadanos.

Los ferrocarriles argentinos ya habían sido nacionalizados en el año 1948 bajo el Gobierno del General Juan Domingo Perón. Hasta aquella fecha los ferrocarriles argentinos, que habían sido construidos con capitales ingleses y mano de obra argentina, habían sido administrados por sociedades mixtas, aunque en realidad los encargados de administrarlos y de recoger sus mayores beneficios siempre fueron los capitales foráneos, es decir los inversores.

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Luego de una larga historia de privatizaciones, la más salvaje tuvo lugar en los años 90, paradójicamente efectuada también por un gobierno peronista, en este caso de Carlos Saúl Menen, los trenes y los ramales ferroviarios quedaron prácticamente desmantelados, por no decir que fueron directamente apartados del negocio del transporte nacional, manipulados por gremios e intereses corporativos a los cuales les era mucho más redituable por aquel entonces el transporte por carretera. Miles de trabajadores ferroviarios quedaron en la calle y los trenes siguieron subsistiendo prestando pésimos y mínimos servicios hasta que a principios de los años 2000 el primer Gobierno de Néstor Kirchner comenzó a trabajar en un proyecto de recuperación de los ferrocarriles argentinos, entendiendo a este, como a otros medios de transporte y comunicación regional, como a un patrimonio nacional que se debe cuidar y proteger por encima de cualquier interés empresarial, monopólico, que como había sucedido con el transporte carretero solo beneficiaba a unos pocos en detrimento de muchos otros.

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Por ejemplo muchos pueblos del interior del país, en un país de una geografía inmensa, quedaron aislados cuando para los intereses privados las estaciones locales de los pueblos del interior no eran redituables causando, debido a el éxodo de la población autóctona que emigraba a "buscarse la vida" a las grandes ciudades, la desaparición de muchos de ellos.