No sabemos si será por que su cargo es poco importante, en un país que como en Irlanda o en Alemania, el Presidente de la República tiene pocos poderes, es simplemente representativo. En esos países el Primer Ministro (o Canciller en Alemania) es quien de verdad manda, a quien de verdad se ve y quien trata de destacar por encima de todos sus compatriotas.

En Italia, el cargo de Presidente es así, poco vistoso, y en los casi 70 años de vida de la República Italiana, sólo Sandro Pertini destacó por encima de todos sus colegas en el cargo, quizá por su simpatía, su saber hacer y ser una personalidad respetada en su país, que decía lo que quería sin problemas, además de haber sido un luchador contra el fascismo de Mussolini.

Pues leyendo la biografía del nuevo Presidente del país de Emilio Salgari, nos encontramos de nuevo con un político poco común hoy en día, cuya biografía parece la más aburrida y poco atractiva para cualquier político.

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Nos la contaba el diario "El País".

Se llama Sergio Mattarella, y es siciliano, 73 años, viudo. Ya fue Ministro años atrás, en una de las ocasiones en que Giulio Andreotti fue Primer Ministro. Un hermano suyo fue asesinado por la Cosa Nostra en 1980. Dimitió por estar en desacuerdo con la legalización de los canales televisivos de Silvio Berlusconi, que iba contra la legislación italiana, pues la UE exige pluralismo, lo que dichas emisoras rechazan. Antes, teniendo la cartera de Defensa, quitó el servicio militar obligatorio y reorganizó los Carabinieri.

No tiene ni los escándalos de Berlusconi en su vida privada, ni tampoco es tan exhibicionista en sus opiniones, al contrario que el magnate milanés. Le gusta la soledad y el silencio, por ello le han llamado "El Monje Laico". Es creyente, pero para nada un puritano.

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Los primeros problemas importantes con que se encontrará serán las profundas reformas laborales del Primer Ministro, el florentino Matteo Renzi, que han desagradado profundamente a sindicatos y trabajadores italianos, los cuales fueron marginados de las mesas de negociación por decisión suya, además de recibir calificativos insultantes del mandatario.

Mientras, en sus ratos libres vivirá su vida privada como siempre. Aprovechando que por su cargo estará en Roma, podrá ver a sus nietos, todos residentes en la capital italiana. Los fines de semana, a Palermo, en donde nació, y donde seguirá teniendo sus sencillas rutinas de cualquier persona de vida sencilla. Como cualquiera de nosotros. Y es alguien muy culto, alejado del ideal de cómo debe ser el hombre italiano medio alentado por Berlusconi en sus canales de televisión.

Tiene su manera de ser política, y por ello se ganó la fama de inflexible, o sea, que a pesar de que su cargo tenga tan pocos poderes, no se dejará convertir en un títere del Primer Ministro de turno, como pasa en los países con democracia parlamentaria.

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Se dice que irá contra el crimen organizado de distintos nombres que aún asolan el país, no sólo Sicilia, sino también contra la corrupción italiana y también le preocupa algo que sus antecesores no consiguieron: modernizar la Italia surgida de la reunificación de 1870. También tiene la suerte de no tener enfrente al prepotente Silvio Berlusconi, ahora inhabilitado políticamente por corrupción, pero tendrá que vérselas con el representante de su formación y también con Beppe Grillo, el inefable cómico metido a político con resultados estrambóticos.