El pasado martes, 27 de enero, se cumplieron 70 años de la liberación de Auschwitz-Birkenau, el campo de exterminio construido por el régimen de la Alemania Nazi tras la invasión del ejército de Hitler en Polonia en 1939 al principio de la Segunda Guerra Mundial. Por las espantosas instalaciones de Auschwitz pasaron alrededor de 1,3 millones de deportados, de los que sobrevivieron 200.000.

Un millón de presos fueron judíos traídos en trenes procedentes desde casi todos los países de Europa, de los cuales se registraron 450.000 llegados desde Hungría. En los hornos crematorios y en las cámaras de gas murieron también gitanos, religiosos, presos políticos polacos, prisioneros de guerra soviéticos y personas homosexuales.

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Auschwitz estuvo en funcionamiento entre los meses de junio de 1940 y el 27 de enero de 1945, fecha en la que fue liberado por las tropas del ejército soviético. Este campo de la muerte fue diseñado y organizado con el único objetivo de llevar a cabo la aniquilación física y moral de los presos. En el momento de la liberación del campo, quedaban vivos unos 2000 presos muchos de los cuales estaban tan delgados y tan enfermos, que ni siquiera podían moverse por sus propios medios y abandonar el campo.

Los horrores que allí padecieron los millones de presos, han perdurado en el recuerdo de los supervivientes del holocausto que aún hoy alzan sus voces mediante sus testimonios, luchando para que este terrible capítulo de la historia mundial, no caiga en el olvido y tampoco vuelva a repetirse.

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Desde el año 2005, cada 27 de enero se celebra el día internacional en Memoria de la Víctimas del Holocausto. Según Naciones Unidas, el objetivo es condenar sin reservas "todas las manifestaciones de intolerancia religiosa, incitación, acoso o violencia contra personas o comunidades basadas en el origen étnico o en las creencias religiosas".

Primo Levi, escritor italiano que sobrevivió al Holocausto como prisionero durante diez meses en el campo de concentración Monowice, subalterno del de Auschwitz escribió: "en la práctica cotidiana de los campos nazis se realizaban el odio y el desprecio difundido por la propaganda nazi. Aquí no estaba presente sólo la muerte sino una multitud de detalles maníacos y simbólicos, tendentes todos a demostrar que los judíos, los gitanos y los esclavos son ganado, desecho e inmundicia".

En Auschwitz se dio rienda suelta al poder del odio, la destrucción y la maldad humana expresada en su máximo nivel. Siete décadas más tarde, los supervivientes del holocausto (alrededor de 300) continúan reuniéndose y siendo testimonios vivos de ese pasado doloroso e insisten en que debe recordarse para que no vuelva a repetirse: "Vivimos para evitar que el horror se repita", aseguraron en el acto de memoria.