Raif Badawi es un bloguero y activista saudí condenado a diez años de cárcel, una multa de un millón de riales saudíes (unos 225.000 euros), la prohibición de uso de medios informáticos, la imposibilidad de salir del país y 1.000 latigazos en público -infligidos en tandas de cincuenta cada una. Todo ello tan solo por la creación de un espacio web dirigido al debate político y social llamado "Liberales saudíes".

El 1 de septiembre de 2014 se hizo firme su condena y, a pesar de la ardua labor llevada a cabo por Amnistía Internacional para poner fin a su confinamiento, el pasado 9 de enero recibió las cincuenta primeras flagelaciones frente a la mezquita Al-Jafali de Yedda.

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El 16 de ese mismo mes le tocaba la segunda ronda de este tipo de castigo corporal prohibido por el derecho internacional.

Sin embargo, según fuentes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, no se pudo llevar a cabo: Raif no podría sobrevivir otra tanda de latigazos, su cuerpo aún se resiente por los primeros cincuenta. La flagelación ha sido aplazada, por recomendación médica, durante al menos una semana. Pero, ¿sirve eso de algo? "Este aplazamiento decidido por razones de salud pone de manifiesto no sólo la absoluta brutalidad del castigo, sino también su indignante naturaleza inhumana" argumenta Said Boumedouha, director adjunto del Programa de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África, en una publicación en Periodismo Humano. "La idea de que es necesario esperar a que Raif Badawi sane para poder sufrir una y otra vez este cruel castigo es macabra e indignante.

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La flagelación no debe llevarse a cabo bajo ninguna circunstancia."

En plena lucha europea por defender la libertad de expresión y prensa, Raif se ve condenado a un calvario ilegal que nunca debería haber dado comienzo. Amnistía Internacional ha movilizado a activistas y simpatizantes de todo el mundo para apoyar a Badawi y mostrar su rechazo a las decisiones del régimen saudí: movilizaciones, acciones en redes sociales y recogidas de firmas para solidarizarse con su sufrimiento y el de su familia. La presión internacional, en estos momentos, es crucial para salvar la vida del bloguero y, de como él, a muchos otros en todo el mundo. #Internet