En Bruselas se ha propuesto una cantidad de 1.800 millones de euros a una Ucrania que ha asegurado a Alemania que cuenta con planes sólidos para modernizarse. La ayuda de la U.E. salvaría de la bancarrota a la "enferma" economía ucraniana.

Kiev ha vuelto a retomar sus conversaciones con el FMI y la comisión europea ha reaccionado con esta cantidad, que se sumaría a los 1.400 millones de euros que ya se entregaron el año pasado. Juncker ha dicho que "Europa se mantiene unida" en declaraciones en Riga, anunciando este fondo de ayuda a Ucrania. La oferta se ha realizado el mismo día que Angela Merkel se ha reunido con su homólogo ucraniano, Yatseniuk en Berlín. Según la canciller alemana, le han convencido las conversaciones y confía en la profundidad de las reformas que quiere realizar Kiev.

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El problema son los inversores, que dudan de la capacidad de un país que ha estado cerca del colapso financiero con la crisis de Crimea y el posterior conflicto con los prorrusos en la zona este del país.

Occidente se ofrece a ayudar a Ucrania, una parte más de la lucha que se mantiene contra una Rusia que en la actualidad está siendo objeto de importantes sanciones, que como ha dicho Merkel están ligadas a la acción de Rusia y sus intervenciones en el este del país. Las duras medidas económicas contra Rusia se levantarán si se cumplen lo acuerdos de Minsk entre las dos partes, que fue firmado en septiembre del año pasado. La confianza de la líder alemana en que esto se produzca son practicamente inexistentes, ya que esto produciría una retirada de tropas, algo casi un imposible por parte de Rusia.

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Así pues, otro capítulo más se escribe en una Ucrania que cada día que pasa se aleja más de Rusia y opta por una Unión Europea que le pedirá muchos sacrificios a cambio de su ayuda. Lo mejor para el pueblo ucraniano sería que la corrupción que asola el país en sus instituciones sea limpiada por una nueva manera de hacer política, pero a la vista de la lentitud en países de la zona como Rumanía o Bulgaria, tampoco podemos esperar milagros de una Unión Europea, que tiene la lentitud y la indefinición como manera de actuar.