Los yihadistas que nos tienen declarada la guerra nos atacaron ayer otra vez. En París, contra la publicación satírica "Charlie Hebdo", porque si hay algo que nunca entienden ellos es el sentido del humor, porque el humor requiere de inteligencia, e inteligencia es lo que menos hay en el fanatismo. Doce muertos, esperemos que no muera también alguno de los heridos, asesinados por dos o tres encapuchados que irrumpieron en la sede de la revista al grito de "Alá es grande" y manifestando que estaban vengando las "ofensas" a Mahoma por parte de los dibujantes de la revista.

Esta vez no ha sido una masacre indiscriminada como los atentados del 11-S en Estados Unidos, o del 11-M en Madrid o del 7-J en Londres.

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Esta vez no pretendían solo meter miedo, aterrorizar, como en aquellos atentados. Esta vez, además, han atacado directamente contra la libertad de expresión, lo mismo que cuando atentan contra la Educación intentado asesinar a Malala o masacrando escuelas, como hace unos días en Pakistan. Los talibanes demuestran, una vez más, que no soportan ni la cultura ni la educación ni, mucho menos, la libertad.

Y contra los yihadistas, talibanes, Estado Islámico, Al Qaeda, Boko Haram o como quieran que se llamen todos esos fanáticos que tienen a Alá y a su profeta Mahoma como pretexto para su locura, Occidente en general y Europa en particular seguimos demostrando que no sabemos qué hacer, salvo lo obvio, condenar la barbarie y solidarizarnos con sus víctimas.

Es evidente que estamos fracasando estrepitosamente en la batalla contra los terroristas que, una y otra vez, nos golpean sin piedad.

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Peor aún, estamos fracasando más estrepitosamente todavía en las políticas de integración de las minorías islámicas, inmigrantes o no, que deberían de evitar la radicalización de sus miembros, ciudadanos europeos. Porque los asesinos de ayer también eran franceses, de origen tunecino según todos los indicios policiales, pero ciudadanos franceses de pleno derecho.

Lo mismo que miles de quienes están combatiendo en Oriente Medio en las filas del "Estado Islámico" son ciudadanos occidentales reclutados en las ciudades de aquí, en nuestros barrios. Porque esta no es una guerra entre países, ni una guerra civil en Siria o en Irak, ni siquiera una guerra entre diferentes islamismos ni, mucho menos, una guerra del Islam contra el resto de la Humanidad, pues musulmanes son sus primeras víctimas y la mayor parte de ellas. Esta es una guerra de fanáticos, locos e inadaptados. Psicópatas que han encontrado en su particular interpretación de la religión el pretexto para su majadería y falta de empatía.

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Lo peor de todo es que nosotros, los cultos, educados y muy demócratas europeos, no estamos sabiendo cómo afrontar el reto que tenemos planteado. Nuestros enemigos son unos criminales psicópatas y como eso hay que combatirles, con todas las de la ley y sin complejos. Sin que ello suponga ni la criminalización de ninguna religión ni reacciones racistas y xenófobas con las que no haríamos sino que cumplir los objetivos de los terroristas. 

Vivir en democracia es la forma más difícil de vivir. Ser demócratas es permitir que haya manifestantes contra la conmemoración de la Reconquista de Granada, pero también la defensa de la Democracia exige la celebración de esa conmemoración como cualquier manifestación democrática. El reto de los demócratas es combatir a los terroristas como criminales que son, e implicar en el combate a los musulmanes que son sus primeras víctimas. #Unión Europea #Terrorismo