El 22 de de Diciembre se cumplen 42 años del rescate de los supervivientes del llamado Milagro de los Andes. El 13 de Octubre de 1972 un vuelo con 45 personas, algunos miembros de un equipo de rugby, caía en medio de la inmensidad de los Andes, un lugar habitado por la nada, rodeado de montañas que abrazadas formaban una inmensa cordillera y con temperaturas de 40º bajo cero.

La mayoría de los pasajeros son chicos entre 18 y 21 años procedentes de familias acomodadas, que nunca han visto la nieve y en cuyas maletas solo hay ropa de verano para soportar aquellas condiciones infrahumanas.

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Con la caída del aparato algunos pasajeros mueren, pero desde el primer instante los supervivientes se organizan para trabajar en equipo, con los estudiantes de medicina curando a los heridos.

Recuerdan algunos supervivientes que la primera noche es un infierno con el frío calando los huesos y los gritos de dolor de los heridos, algunos agonizantes. Los primeros días se suceden racionando chocolatinas y unas latas de marisco, buscando la forma de derretir el hielo para beber y de buscar abrigo mientras esperaban un rescate.

Cuando arreglan la radio, justo cuando se cumplen 10 días desde el accidente, aquel aparato en medio de la inmensidad les hace llegar el peor de los mensajes; han suspendido la búsqueda y están muertos para el mundo. En ese momento hay que tomar muchas decisiones y empezar a plantarle cara al no.

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Hay que salir de ahí y para lograrlo necesitan comer. Y ahí empieza lo más controvertido de la historia, algo a lo que han dado demasiada importancia y que ha eclipsado otros valores como el trabajo en equipo, la organización para sobrevivir en circunstancias extremas y la resiliencia, una palabra que parece inventada para ellos.

Tras una dura lucha interior empiezan a alimentarse de los cuerpos de sus compañeros fallecidos. Cuando recuperan un poco las fuerzas y hay una luz al final del túnel una avalancha en medio de la noche arranca la vida de 8 personas. A pesar de tan duro golpe no se rinden y deciden salir de ahí cueste lo que cueste.

Por supuesto no se logra de un día para otro, hay expediciones fallidas, asusta abandonar el fuselaje, ese refugio que es su único referente, pero tras la preparación de 3 expedicionarios que reciben las mejores raciones de alimento y mayor descanso éstos parten hacia el futuro, sin saber si éste es la muerte o la esperanza.

La hazaña es llevada a cabo por Nando Parrado y Roberto Canesa, y asombra a los expertos, parece imposible que sin ropa ni calzado adecuado escalasen paredes verticales y atravesaran los andes a pie, pero lo hicieron y salvaron a sus compañeros.

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Actualmente Nando está considerado el mejor orador del mundo y Roberto es cardiólogo infantil. Los otros supervivientes han seguido adelante, unos dan charlas motivacionales, otros han escrito libros y otros han seguido con sus vidas pero todos son un ejemplo de lucha, trabajo en equipo y esperanza porque supieron plantarle cara al no.