Edward Snowden, el antiguo empleado de la CIA y de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) que participó el pasado 10 de diciembre por videoconferencia en el evento promovido por Amnistía Internacional en la ciudad de París con motivo de la celebración del Día de los Derechos Humanos, acaba de ser galardonado con la medalla Carl Von Ossietsky, otorgada por la Liga Internacional pro Derechos Humanos (ILMR) desde el año 1962.

La ILMR, ha celebrado este año su centenario, esta medalla es actualmente otorgada cada dos años desde el 2010 a personas y organizaciones que destacan por su defensa desinteresada de estos derechos.

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Ha sido reconocida su hazaña como un ejemplo de transparencia del que todos los Estados deberían tomar ejemplo, tras dejar al descubierto los mayores escándalos de vigilancia y espionaje de los cuerpos de inteligencia estadounidenses. Se le reconoce su valentía por haber arriesgado su propia #Libertad.

La presidenta de la organización, Fanny-Michaela hizo hincapié sobre la información facilitada a cerca de las terribles violaciones de los derechos humanos y de las leyes nacionales, así como la hipocresía de aquellos gobiernos que presumen de ser fieles defensores de la libertad y la democracia.

Además, la ILMR declara estar a favor de conceder asilo a Snowden en el país germano, del mismo modo que le fue concedido a Julian Assange en la embajada de Ecuador en Londres, reafirmado hace unos días por su presidente Rafael Correa.

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El Departamento de Justicia de Estados Unidos clasificó la participación de Snowden en el programa de vigilancia PRISM como un asunto criminal, por ello la justicia de esta nación lo persigue del mismo modo que al fundador de WikiLeaks.

Las acciones de estos dos individuos quizá no fueron conforme a Derecho pero reabrieron el debate acerca del funcionamiento de ciertas democracias, ¿es lícito perseguir a quienes son alabados como defensores de los derechos humanos y la libre información por parte del mismo gobierno que la ocultaba?